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Martes 17 de marzo de 2026 - 01:00 AM

¿Es mejor saltar o caer?

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En la vida empresarial y, por qué no, también en lo personal, esta pregunta sintetiza el por qué, el cuándo y el cómo se deben tomar decisiones que exigen firmeza, evitando riesgos innecesarios y, sobre todo, que las situaciones cómodas nos lleven inevitablemente al fracaso. Muchas veces, sin darnos cuenta, terminamos en el suelo, y levantarse resulta más difícil. El dilema es simple: ¿es mejor saltar o caer?

Saltar significa decidir a tiempo; saber leer el entorno, asumir riesgos razonables y actuar antes de que la realidad termine decidiendo por nosotros. Caer, en cambio, suele ser el resultado de la indecisión, del exceso de confianza o de ignorar las señales del mercado y, por qué no, de rodearse de personas no preparadas para los retos que imponen las nuevas realidades.

En el mundo empresarial este dilema es más común de lo que parece. En mis años como banquero y como mentor vi cómo muchas organizaciones aplazaban decisiones estratégicas por miedo a saltar. No era que tomaran malas decisiones; simplemente no tomaban ninguna. Innovar, invertir, cambiar de estrategia o replantear el modelo de negocio puede parecer arriesgado, pero muchas veces no hacerlo resulta siendo un error mayor. Entonces surge la pregunta: ¿es mejor actuar con anticipación o esperar? Esperar es la forma más silenciosa de empezar a caer, mientras la empresa pierde capacidad de adaptación y de crecimiento.

¿Y cuándo saltar? Hay muchas y variadas señales que muchos empresarios, tienen identificadas y, aun así, prefieren seguir haciendo lo mismo esperando resultados diferentes. Y no puede ser así. Saltar es tomar decisiones conscientes, inteligentes y con determinación. Una empresa no se derrumba de un día para otro. El desplome empieza mucho antes, cuando los indicadores dejan de ser revisados con rigor: ventas estancadas, márgenes que se reducen, rentabilidades bajas o negativas, costos crecientes, nuevos competidores que entran al mercado o cuando se deja de invertir en tecnología y en automatización de procesos.

Cuando en las organizaciones existen verdaderos líderes que entienden el negocio y saben leer las señales del mercado, las decisiones no se postergan. Se analizan los indicadores, se reconocen los cambios del entorno y se actúa a tiempo. El liderazgo empresarial no consiste en aferrarse a lo que funcionó en el pasado, sino en tener la capacidad de ajustar el rumbo cuando las circunstancias lo exigen. En muchos casos, la diferencia entre una empresa que se mantiene y otra que empieza a caer radica precisamente en eso: en la capacidad de sus líderes para tomar decisiones oportunas.

IMPORTANTE: “Donde hay una empresa exitosa, alguien tomó alguna vez una decisión valiente.” Peter Drucker

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