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Viernes 10 de abril de 2026 - 12:48 PM

Una ciudad que mejora, pero no convence

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No todas las ciudades tienen la posibilidad de mirarse con evidencia a lo largo del tiempo. Nuestro territorio sí. Desde hace 13 años, el programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos le ha entregado a la ciudad una lectura sostenida sobre cómo viven sus ciudadanos. No es solo saber cómo estamos, sino cómo ha cambiado -o no- esa percepción en el tiempo.

Y lo que se presentó esta semana no es menor. El 76% de las personas se siente satisfecha con su ciudad como lugar para vivir. Pero, al mismo tiempo, el 50% cree que las cosas van por mal camino.

Esta aparente contradicción no es nueva, pero sí reveladora. Mientras la satisfacción se ha mantenido alta, la percepción sobre el rumbo del área metropolitana ha sido inestable y hoy vuelve a dividir a la ciudadanía. Nuestro territorio mejora, pero no necesariamente convence.

Si bien hay señales de recuperación -en 2025, el 40% de los hogares reportó que su situación económica mejoró, y aumentó la percepción sobre facilidad de conseguir empleo, emprender o el futuro económico-, estos avances aún no son suficientes para fortalecer la confianza en el futuro. Y cuando eso ocurre, lo que está en juego no es solo la economía, sino la posibilidad de avanzar en una misma dirección.

Los datos sobre confianza lo evidencian. Solo el 24% de las personas cree que se puede confiar en los demás. A esto se suma una desconfianza extendida en las instituciones: cerca de la mitad de la población desconfía de concejos municipales y alcaldías; el 60% de quienes han sido víctimas de un delito no denuncia, en gran parte porque no cree que hacerlo genere una solución. Además, el 55% considera que la corrupción aumentó y el 42% está insatisfecho con la inversión de los recursos públicos.

Este escenario se profundiza cuando se observa la relación con lo colectivo. Más del 80% de las personas no participa en actividades promovidas por el Estado ni por la comunidad. No es solo descontento: es desconexión. La gente resuelve su vida, pero se distancia cada vez más de lo público. Se siente cada vez menos parte.

El resultado es una ciudad que puede mejorar, pero enfrenta dificultades para transformarse, porque existe una brecha entre lo que viven las personas y lo que creen que la ciudad puede llegar a ser. Cerrarla no es solo un reto de política pública, sino un desafío colectivo. Esa es la conversación pendiente.

Por: Johanna Cárdenas Acevedo

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