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Sábado 18 de abril de 2026 - 01:00 AM

Cuando también toca reconocer

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La crítica cumple una función necesaria en democracia. Vigila, cuestiona y evita que el poder se acostumbre a actuar sin control. Pero la crítica, para ser seria, también exige una obligación que a veces se olvida y es la capacidad de reconocer cuando las cosas se hacen bien. No todo puede reducirse al ataque permanente ni al reflejo fácil de negar cualquier acierto por razones políticas.

Lo digo además con total franqueza. En este mismo espacio defendí en su momento al gobernador de Santander por el uso del helicóptero oficial, bajo la idea de que ciertas herramientas logísticas pueden justificarse por razones de seguridad, agenda institucional o eficiencia. Después se conocieron versiones según las cuales esa aeronave se habría utilizado para trayectos difíciles de explicar, como desplazamientos desde el Campestre hacia la Brigada o viajes a Bogotá que no parecían indispensables. Y si eso fue así, la crítica era legítima y necesaria.

Pero una cosa no borra la otra. En medio de la crisis generada por el reciente paro, el departamento enfrentó una situación delicadísima. La inconformidad social, el impacto económico, el riesgo de alteración del orden público y la angustia de miles de ciudadanos exigían algo más que comunicados. Exigían liderazgo y capacidad real de gestión. Y en ese escenario, hay que decirlo con claridad, el gobernador estuvo a la altura.

No es menor sentarse con los sectores inconformes, escuchar reclamos, tender puentes con alcaldes, presionar soluciones técnicas y buscar salidas políticas cuando la temperatura social empieza a subir. Gobernar también es eso; aparecer cuando el problema estalla, no esconderse detrás de oficinas o delegar en terceros mientras la crisis crece.

Santander necesitaba una respuesta y la tuvo. Tal vez no perfecta e inmediata pero sí visible y efectiva. En momentos donde tantos dirigentes viven más pendientes de decir tonterías en redes sociales que de resolver conflictos reales, vale la pena destacar cuando un mandatario asume el costo político de intervenir y destrabar una situación compleja.

Esto no significa otorgar cheques en blanco ni convertir el reconocimiento en complacencia. El uso de recursos públicos debe seguir bajo escrutinio. Las explicaciones sobre el helicóptero, si aún hacen falta, deben darse con claridad. Y Fodecol igual. La transparencia no desaparece porque exista una buena gestión posterior.

Lo que sí significa es algo más sencillo llamado honestidad intelectual. Si se critica cuando corresponde, pues los aciertos hay que mencionarlos igualmente.

Y hoy corresponde decir que, frente a un problema enorme que amenazaba con profundizar la tensión social en Santander, el gobernador mostró capacidad de conducción y voluntad de resolver.

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