A pesar de la incertidumbre, casi todo el mundo está seguro de algo; son contadas las ocasiones en que se cuestiona lo que nos rodea y con mayor dificultad, tras una incómoda reflexión, lo que nos conforma: lo que nos define.
La convicción de que transitamos por la vida llevando una voz propia, un sentir genuino y hasta un reclamo legítimo adultera nuestra experiencia frente a la existencia. Pero terminamos acostumbrados, convencidos y reunidos con otros que también están seguros de lo mismo.
Vale la pena preguntarse por qué nos gusta o nos disgusta algo. Por qué apoyamos con fervor una causa y menospreciamos otra. Saltarnos la respuesta obvia podría introducirnos en un camino donde las razones no provengan de la voz de alguien más o de algo externo, sino del descubrimiento de cuál es nuestra razón para querer vivir, sin importar el año, el día ni la hora.
Entiendo que la realidad no consiste en encontrar solo lo que nos gusta y evitar lo que no. Aunque esto suena lógico y, en ocasiones, es justo lo que necesitamos, de nada sirve simplificar con ingenuidad adolescente algo tan variable, tan complejo y tan lleno de posibilidades y necesidades como las que cualquier persona experimenta a lo largo de la vida. No hay relato que compense ni que iguale ese esfuerzo.
Un relato da origen a otro y llega a nuestras vidas a través de alguien más. Pero hay una voz propia que nos habla desde adentro sin siquiera pronunciar una palabra y que precede a nuestros pensamientos. No estamos exentos de que esa misma voz nos invite a equivocarnos, confundiéndose con tanto ruido acumulado. ¿Cómo sabremos diferenciarla de los relatos heredados que se apoderan de nuestras convicciones? No tenemos que estar de acuerdo, pero tampoco enfrentados
Un ejercicio clave para tomar distancia de los relatos y optar por la reflexión, más allá de la repetición, encuentra su lugar en las artes dramáticas. Aquí es donde actores y actrices se desdoblan para hacernos ver y escuchar, desde el escenario, cómo es que los seres humanos nos dedicamos representar narrativas transmitidas, a repetir libretos y a encarnar personajes que difieren mucho de lo que verdaderamente queremos, la mayoría de las veces sin que nos demos cuenta.
En estos días de elecciones presidenciales, cuando el relato histriónico se impone sobre lo veraz, el teatro nos convoca a participar de sus múltiples adaptaciones, para actualizar y reflexionar sobre las narrativas violentas instauradas. Este viernes 29 de mayo a las 7:30 p.m. llega la obra Romeo y Julieta 2.0 al Teatro Escuela del Teatro Santander. Organiza la Corporación Teatro PFU. Consulte sus redes sociales e inscríbase para asistir.












