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Lunes 08 de junio de 2026 - 08:54 AM

Análisis de las elecciones presidenciales (I): la derrota de Paloma Valencia

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¿Por qué no pasó Paloma a segunda vuelta? Antes que nada, partamos de algo que a la mayoría de la gente se le olvida: Uribe nunca fue el único dueño de la derecha en Colombia. Hace dos décadas era la figura central, pero no la única, y ese liderazgo, como es normal en política, se ha ido diluyendo paulatinamente. Esto explica que hoy existan varios sectores conservadores o de línea dura, en franco crecimiento, que son declaradamente antiuribistas o que, simplemente, ya no le obedecen.

En este sentido, el principal problema de la campaña de Paloma fue, precisamente, Uribe. El expresidente pone votos, pero también los quita, incluso dentro de su propio espectro político: la derecha. Paloma, al decidir por lealtad mostrarse como la heredera natural del expresidente, sentenció su campaña. A esto se suma que Uribe se niega a aceptar que actualmente ya no es quien determina quién será el candidato de su sector (poder nominatorio), ni tampoco tiene ya la fuerza para impedir que alguien por fuera de su red lo sea (poder de veto).

Sin embargo, Uribe, en su afán por seguir activo y centralizar la atención mediática como en sus mejores épocas, afectó a su pupila sin darse cuenta. Cepeda encontró una fórmula matemática para erosionar la campaña de la candidata: ponerle el cascabel al gato, esto es, confrontar mediáticamente a Uribe para que este reaccionara públicamente, desplazando el foco de la atención en el expresidente, cuando siempre debió estar en la candidata. Por demás, este centralismo en la persona de Uribe puede costar la continuidad de su partido, pues no se vislumbran liderazgos que puedan ocupar, a corto plazo, ese espacio.

Otro aspecto clave es que el mismo uribismo propició en los últimos años la radicalización de amplios sectores de su partido, creyendo que esto generaría una cosecha de votos que, paradójicamente, migró hacia Abelardo en la primera oportunidad. Los “furibistas” acérrimos terminaron desequilibrando la balanza al irse masivamente con el otro candidato de la derecha. Como lo dice el refrán: cría cuervos y te sacarán los ojos.

Ante ese escenario, Paloma quedó obligada a actuar como si representara a una derecha moderada, pues el electorado que permaneció fiel a ella marcaba distancia de las posturas más extremas, lo que explica la elección de su fórmula vicepresidencial. En teoría, la estrategia de una amplia coalición de la centroderecha con el uribismo para llegar al poder pudo haber funcionado; en la práctica, era una quimera. La centroderecha ya tenía sus propios candidatos y, si algo la caracteriza es, por regla general, su antiuribismo. Como Paloma no podía tomar distancia de su jefe político y este centró la atención pública en sí mismo, su opción real de llegar al poder fue nula, a pesar de que su plan de gobierno y su experiencia política fuesen muchísimo mejores que las de Abelardo.

En este momento, sin embargo, el uribismo tiene un panorama relativamente favorable: cuenta con la mayor bancada parlamentaria de su sector. Si Abelardo gana, necesitará esos escaños a como dé lugar; si pierde, se consolidarán como la fuerza opositora dominante con miras a los próximos comicios. No obstante, si el propio Uribe no replantea su rol en el tablero político y en su propio partido, la receta se repetirá, calcada, en cuatro años.

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