Al momento de escribir esta columna, la diferencia entre los dos candidatos en las elecciones colombianas es menor al 1% y los escrutinios darán el veredicto definitivo que todos deberemos acatar. Quien sea el que asuma el gobierno el próximo siete de agosto recibe una sociedad con tribunales con capacidad para limitar al gobierno, prensa independiente, separación de poderes, amplias libertades civiles y un sistema electoral, que, con deficiencias, ha permitido la alternancia en el poder. Todas las características anteriores configuran lo que se denomina una democracia liberal y representativa, pero aún lejos de los mecanismos de democracia directa practicados en Suiza y aún distante de los niveles de protección social característicos de algunas democracias europeas. Nuestra democracia incluye lo plebiscitario además de los mecanismos para introducir cambios a la Constitución. De hecho, en algo más de tres décadas, se ha promulgado un total de 53 actos legislativos reformatorios de la Constitución de 1991, hasta el punto que varios constitucionalistas se preguntan si la vigente, difiere en lo esencial de la de 1991.
Lo anterior me permite afirmar que el gobierno del presidente Petro entrega una democracia más fortalecida mediante reformas que ampliaron derecho sociales, políticos y económicos, ampliación de libertades individuales y reconocimiento de minorías, respetando el equilibrio de poderes y las sentencias de la Cortes, sin renunciar a expresar su inconformidad con algunas de sus decisiones. Quien reemplace a Petro tendrá en sus manos profundizar nuestro sistema político, o deteriorarlo, hasta llegar al autoritarismo. Colombia hace parte del hemisferio occidental y su dependencia geopolítica de los Estados Unidos es incuestionable. Hasta hace poco la relación entre nuestras dos naciones, se afirmaba con eufemismo, que se caracterizaba por una alianza estratégica y una relación franca con los dos partidos de la nación del norte. Según muchos analistas, la hegemonía lucha por evitar el surgimiento de un mundo multipolar, y al menos otras dos potencias desobedecen a la hasta hoy supremacía militar, financiera, mercantil y política. Otros tantos dicen que, la evolución del modelo neoliberal, hacia un gobierno corporativo sin fronteras, por parte de las muy poderosas corporaciones tecnológicas, ha empujado al deterioro democrático en Estados Unidos, y por ende puede llevar a Colombia al autoritarismo. Las consignas en política, a veces, deben leerse al revés. Quienes, llevados por la defensa de la democracia y de la patria, tomaron una decisión, pueden haber contribuido a la desaparición de ambas.











