Las elecciones terminaron; ahora comienza la verdadera prueba para Santander. Más de ochocientos mil santandereanos respaldaron en segunda vuelta la elección de Abelardo de la Espriella como presidente de la República, convirtiendo al departamento, junto con Antioquia, en uno de los principales bastiones de su victoria. Ese respaldo no solo refleja una expectativa de cambio en la forma de relacionarse el Gobierno Nacional con el departamento; también crea una enorme responsabilidad para el nuevo Gobierno, pero, sobre todo, para nuestra clase dirigente, que en su mayoría lideró la campaña para que el abogado penalista ocupe el próximo 7 de agosto el solio de Bolívar.
Contar con un Gobierno Nacional cercano elimina una de las principales excusas que históricamente se han utilizado en Santander para justificar la falta de resultados. Durante años, el centralismo sirvió para explicar el rezago de la región; hoy, esa explicación pierde fuerza. El desarrollo del departamento dependerá cada vez más de nuestra capacidad para planear, priorizar y ejecutar proyectos que respondan a las necesidades del territorio.
Haciendo eco de una reciente editorial de Vanguardia, el problema de Santander no es únicamente presupuestal, es un problema de visión. No esperemos que desde el Gobierno Nacional se consolide un proyecto de región que articule al departamento, al área metropolitana y a los demás municipios alrededor de objetivos comunes y de largo plazo; esa tarea nos corresponde a nosotros. La ausencia de planeación es el origen de problemas estructurales como una infraestructura vial departamental insuficiente y en mal estado, una movilidad caótica en el área metropolitana de Bucaramanga, con un sistema de transporte masivo en crisis permanente; proyectos estratégicos estancados, como la ampliación del corredor “La Virgen–La Cemento”; la mayor inflación del país y una creciente informalidad que limita la calidad de vida.
Pensar que estos problemas se resolverán únicamente por la afinidad política con el Gobierno Nacional sería un error. Precisamente, uno de los pilares del programa de gobierno de Abelardo de la Espriella es profundizar la descentralización. La futura Ley de Competencias, el desarrollo de la Ley de Ciudades Verdes y Resilientes y la consolidación del catastro multipropósito trasladarán mayores responsabilidades a los entes territoriales. La descentralización no consiste únicamente en recibir más recursos o reclamar mayor autonomía; implica asumir nuevas competencias con capacidad técnica, planeación rigurosa y liderazgo institucional.
Santander enfrenta una oportunidad histórica. Durante años culpamos al centralismo de nuestro atraso. Si la descentralización se convierte en realidad, el éxito o el fracaso del departamento dejará de explicarse por las decisiones que se tomen en Bogotá y comenzará a medirse por nuestra capacidad para gobernar el territorio con visión, liderazgo y resultados.












