El profesor Alfonso Gómez Gómez, nos decía en clase de ciencia política (facultad de Derecho UNAB), que el poder era finito y, la pérdida del mismo; igualmente. Han pasado un poco más de 30 años, y los resultados electorales en presidencia nos invitan a recordarlo.
Esa realidad, finita, en el nuevo poder nacional, de unas figuras políticas de Santander, nos obligan a reflexionar sobre la inmensa necesidad de pasar la página electoral e instalar sin demora, la mesa de unidad por Bucaramanga. Cuando el profesor Gómez Gómez nos habla de la finitud del poder, también enseñaba tácitamente que esa oportunidad no podía dilapidarse en celos de caciques transitorios; en disputas de corrillos y mucho menos en venganzas de perdidas pírricas.
El presidente electo ha reconocido públicamente el enorme protagonismo del departamento y la ciudad bonita en su esperado triunfo. Ese es, sin duda, también un mensaje tácito para que las fuerzas vivas, por ejemplo, en Bucaramanga, pasemos a limpio, lo que la ciudad nos grita día y noche: La recuperación del centro de la ciudad, la implementación ordenada, concertada, y visionaria del sistema de servicio integrado de transporte público, una revolucionaria trasformación del ornato, la recuperación del Teatro Coliseo Peralta y la Casa Custodio Gracia Rovira, la construcción del Hospital del Sur, el mejoramiento y construcción de vivienda de interés social, interés prioritario y vivienda rural, la construcción de dos ambiciosas y modernas bibliotecas públicas en ciudad norte y la calle de los estudiante, donde se hable de ciencia, tecnología, mecatrónica, inteligencia artificial; además de las expresiones culturales tradicionales, la puesta en marcha del proyecto ciudad verde y su mayor desafío, el fantasma de la disposición final de los residuos sólidos.
Es muy importante que esa mesa de trabajo, tenga como claridad superior, que, si es menester buscar hasta debajo de las piedras, a expertos en las materias, pues se acepten, nuestras propias ausencias de competencias. Reconocer la ignorancia, es un gesto de amor por la ciudad. Tenemos en el fracaso del sistema de transporte, el mejor y más doloroso ejemplo. La clave era darle a los que sabían, el futuro del sistema.
Esta afortunada cercanía; entre algunos dirigentes políticos e importantes empresarios nuestros, con el próximo inquilino de la Casa de Nariño debe ser administrada de una manera seria, con la mirada puesta, en otra realidad. Cuando llegue el momento de la rendición de cuentas, en cuatro años. el inventario de necesidades que todos conocemos hoy; debe ser tema del pasado, al menos un 70% de avance. Sin duda, seremos otra ciudad.
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