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Sábado 18 de julio de 2026 - 01:00 AM

El futuro de Santander ya es una conversación nacional

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En Colombia abundan los diagnósticos. Lo que escasea son las decisiones colectivas capaces de convertir esos diagnósticos en transformaciones sostenidas. Quizá por eso la socialización de Visión Santander 2050, realizada esta semana en Bogotá, dejó una sensación poco frecuente entre quienes asistieron: la de estar frente a una estrategia estructurada y construida para trascender gobiernos, intereses particulares y coyunturas políticas.

La convocatoria fue, por sí sola, un mensaje. A pesar de que se esperaban cerca de 150 personas, asistieron más de 300. En un mismo auditorio coincidieron exministros, congresistas en ejercicio y electos, empresarios, dirigentes gremiales, académicos, líderes estudiantiles y representantes de organizaciones cívicas. Más allá de las diferencias ideológicas o de los distintos sectores que representan, todos compartieron una misma inquietud: cómo lograr que Santander recupere el liderazgo económico y social que históricamente ha tenido en Colombia.

La apertura estuvo a cargo de Adolfo Botero, vicepresidente de la Junta Directiva de Prosantander, quien resumió con claridad el espíritu de la iniciativa. “Demostremos que, cuando Santander se une alrededor de un propósito común, no hay una meta que nos quede grande. Hagamos que la Visión Santander 2050 deje de ser una aspiración”.

Esa fue quizá la principal fortaleza de la jornada. No se presentó un catálogo de buenas intenciones ni una lista de promesas imposibles. Lo que se mostró fue una hoja de ruta construida durante meses con el liderazgo de Prosantander, la Cámara de Comercio de Bucaramanga y la Comisión Regional de Competitividad, con el acompañamiento metodológico de Fedesarrollo y la participación de miles de ciudadanos en las siete provincias del departamento. El resultado: nueve grandes misiones para orientar el desarrollo de Santander durante los próximos veinticinco años.

Las metas hablan por sí solas. La aspiración de que más de 250.000 santandereanos superen la pobreza y que el ingreso per cápita del departamento sobrepase los 50.000 dólares no puede entenderse como un ejercicio de optimismo ingenuo. Es una declaración de ambición colectiva respaldada por proyectos estratégicos que abarcan energía, educación, infraestructura, competitividad, sostenibilidad e innovación.

Pero quizá lo más valioso de la noche ocurrió fuera del escenario. En los pasillos, durante las conversaciones posteriores y en los comentarios de muchos asistentes, quedó la percepción de que Santander logró algo que pocas regiones consiguen: construir un lenguaje común alrededor del futuro. No hubo la sensación de asistir a un evento para cumplir con una agenda institucional, sino a la presentación de un proyecto que ya comenzó a caminar.

Ahora viene la parte más difícil. Las visiones estratégicas no cambian territorios por sí mismas. Lo hacen las personas que deciden apropiarse de ellas; ello requerirá el compromiso de todos: empresarios, universidades, gobiernos y ciudadanos.

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