Karolina Rojas todavía no sabe cómo decirle a su pequeña hija que su papá, Johan Sebastián Duran Guerrero, no volverá a casa porque fue asesinado por agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos, ICE (por sus siglas en ingles), en un crimen de lesa humanidad que estremece al mundo.
Los detalles son desgarradores. Johan tenía 26 años, era oriundo del barrio La Victoria en Bucaramanga y muy querido por sus allegados. Prestó el servicio militar y fue asignado al Batallón Guardia Presidencial durante el gobierno de Duque. Tras finalizar su servicio, y ante la falta de oportunidades, se fue en busca del “sueño americano”.
Johan hizo parte del éxodo masivo de colombianos que ya suma un millón y medio en los últimos tres años, el 60% entre los 18 y los 35 años, en plena edad productiva. Estos compatriotas son prácticamente expulsados por un modelo económico incapaz de ofrecerles un panorama distinto al rebusque y la incertidumbre.
En EE. UU., Johan tenía dos trabajos, se esforzaba por ser un padre presente y porque a su esposa e hija no les faltara nada. “Era un hijo maravilloso, no sé porque le hicieron eso” se preguntó su padre. El 13 de julio, en un operativo, agentes del ICE dispararon a matar n contra de Johan, sacaron su cuerpo del carro y le pusieron las esposas. Sus últimas palabras fueron: “¡Intenté parar!”. No era el objetivo del operativo. Todo esto en presencia de su pequeña hija de tres años. Una demostración de auténtica sevicia y desprecio por la dignidad de la vida de los migrantes.
Según la ONU, solo en 2025, 33 personas perdieron la vida a manos de este cuerpo de seguridad cada vez más parecido a los escuadrones de la muerte de la Alemania Nazi. En 2026 van 18 muertos. Cuestionado por la brutalidad de la agencia migratoria Trump anotó: “ICE está haciendo un gran trabajo”.
Ante este devastador caso, el silencio del presidente electo Abelardo De la Espriella (ADLE) es un acto indigno que revictimiza a Johan Sebastián y a sus allegados mientras expone el falso patriotismo de ADLE, pues al primer caso de conflicto de intereses entre el país del que será presidente y Estados Unidos, al que le juró fidelidad, se alineó con el agresor.
Me sumo al editorial publicado por Vanguardia “La muerte de Johan Durán exige justicia” e insisto en que el presidente de Colombia no debe tener doble nacionalidad, pues sin haberse posesionado, el gobierno electo ya tiene su primera gran mancha y es el silencio cómplice ante el asesinato de Johan, en lugar de exigir justicia y defender su dignidad y con ello, la Soberanía de Colombia.












