Esta semana recibimos una fuerte dosis de ejemplarizante carácter, resiliencia y manejo de la frustración. Cuando todo parecía estar mal, cuando ya estábamos aceptando que los países suramericanos estaríamos fuera, Argentina nos regala una tremenda lección: capacidad de sobreponerse y demostrar el valor de sus individualidades y la “garra” del equipo. Y no se trata solo de los jugadores, sino también de la hinchada, que nunca dejó de cantar y de animar a sus muchachos.
La emoción que embarga hoy a los argentinos no es gratuita. Han sufrido. Frente a Egipto remontaron dos goles a pesar de errar un penalti y terminaron con lágrimas que mezclaban angustia y satisfacción. Inglaterra los llevó casi al final del partido con un gol en contra, pero mantuvieron la energía y la convicción hasta el último minuto. Por eso ganaron. La celebración del gol de Enzo fue diciente: «¡Los oigo, griten más!». No había opción, solo servía ganar y la tribuna los impulsaba con un fervor impresionante.
Leyendo entrevistas a jugadores y entrenadores entendemos que la formación de estos deportistas es una decisión de muchos años y de mucha exigencia. No se trata de evitar la frustración, sino de manejarla. Desde muy niños empiezan a competir y, si hay ocho equipos en un campeonato, no todos reciben medalla o reconocimiento, solo el que gana; los demás seguramente llorarán, pero se esforzarán más para no tener que vivir esa experiencia la próxima vez. Así los han formado y así han logrado conquistar sus triunfos. Sin bajar la guardia, sobreponiéndose a la adversidad, demostrando resiliencia y fortaleza ante situaciones difíciles.
Ese “amor propio” es lo que nos puede llevar a canalizar las capacidades con disciplina y esfuerzo. No sirve solo llenarnos de ilusión, cuando nos falta trabajo y preparación. En Qatar, la fórmula de Argentina fue: talento, bloque y fe; lo que al parecer se mantuvo para este Mundial. El talentoso puede ser un jugador que no corre todo el tiempo, pero define. Un equipo realmente unido, aunque vaya perdiendo, no se desarma. Un error o un mal momento puede superarse si prevalece la conciencia de su capacidad y compromiso. Se dice que el argentino es presumido y extremadamente orgulloso. Puede ser verdad, pero, en su justa medida, cuánto ayuda.
Por eso, el orgullo santandereano, bien manejado, nos debe llevar a superar el conformismo, la ley del menor esfuerzo, el camino fácil, la desconfianza frente a nuestras capacidades. Tenemos retos para superar el aislamiento y múltiples carencias, pero hemos logrado mucho en estas montañas. Somos gente berraca, inteligente y capaz; debemos creerlo y demostrarlo. Tenemos que trabajar más y pelear menos, mostrar audacia, exaltar talentos y aprovechar las oportunidades que no se dan por casualidad.












