Vivimos en un país donde la contienda electoral nunca termina; se metamorfosea en camisetas, stickers e insultos de madrugada. En Colombia, la política se volvió un merchandising permanente que secuestra la atención pública y mantiene la retórica de trinchera en constante campaña.
Pero gobernar exige soltar el micrófono. No basta con proclamar amor por la Patria desde un atril ni agitar eslóganes de «firmeza» mientras se estigmatiza a las comunidades rurales o se criminaliza a quien piensa distinto. Defender la bandera con el dedo índice mientras la vida de la gente se desmorona no es firmeza; es circo.
La pregunta es inevitable: ¿firmes por la patria de quién, o firmes con qué?
Estar firmes no es defender un decreto sobre el papel, una frontera o un dogma de partido. Si invertimos la pirámide para entender lo que realmente nos sostiene, la Patria es la vida concreta: el agua pura, la salud digna, la cultura local y el respeto sagrado por los derechos humanos.
Cuando se destruye un páramo por el oro o al pueblo que lo habita en son del “agua por el agua”, se desconoce el mínimo vital y la noción misma de soberanía se vuelve hueca. Quien gobierna y descuida los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales traiciona el sentido más elemental del Estado Social de Derecho.
Es hora de desarmar la palabra y desmontar los discursos de odio. Es hora de reemplazar el postureo belicoso por gobernanza adaptativa, respeto constitucional y construcción colectiva. Necesitamos instituciones dedicadas a garantizar la paz territorial y proteger nuestros ecosistemas, no más trinchera digital.

Esta verdadera firmeza exige asumir las decisiones impostergables señaladas por la Defensoría del Pueblo: combatir la desigualdad estructural, la pobreza y la inseguridad alimentaria; garantizar la equidad de género y erradicar el racismo. Implica detener la violencia armada, frenar el reclutamiento infantil y proteger a los líderes sociales. Y, sobre todo, exige justicia ambiental: frenar la contaminación con mercurio, blindar las cuencas e implementar el Acuerdo de Escazú. Quien gobierna debe entender que la Patria no se defiende expulsando al otro del coro, sino dignificando la vida en cada rincón del territorio.
Estar firmes ‘por’ no es suficiente. Hay que estar firmes ‘con’, porque el país se desmorona en las regiones. Entonces: firmes con el agua pura, firmes con los derechos de las comunidades históricamente olvidadas y firmes con la dignidad humana que le da sentido a cualquier Estado. Sin la gente y sin el territorio, la ‘patria’ es solo una palabra vacía en un afiche de campaña.
Cambiar el discurso es el paso transformador. Superar los eslóganes y exigir instituciones que protejan la vida y la dignidad. Menos propaganda, más dignidad. Sostengamos la Patria. Firmes con Colombia.










