
Publicado por: Heber Bueno
En los últimos meses he seguido con atención el debate sobre la posibilidad de desarrollar yacimientos no convencionales mediante fracturamiento hidráulico (fracking) en el Valle Medio del Magdalena (VMM). Existen preocupaciones legítimas sobre el agua, la sismicidad y el medio ambiente. Sin embargo, hay una pregunta que debería anteceder cualquier posición: ¿qué conocemos realmente del subsuelo que pretendemos intervenir?
Una intervención de esta naturaleza no puede evaluarse únicamente desde la superficie. Es necesario conocer la geología de la cuenca, sus formaciones, fallas y pliegues, las propiedades de las rocas, la distribución de los acuíferos, la presión de los fluidos y el estado de esfuerzos. El VMM posee una historia tectónica compleja y su subsuelo no es una sucesión de capas horizontales y homogéneas.
Aquí la geomecánica resulta fundamental. El fracturamiento hidráulico no consiste simplemente en “romper roca”. Es un proceso físico controlado por el estado de esfuerzos, la presión de poro, la estratigrafía y las propiedades mecánicas de las diferentes unidades. Una fractura no crece indefinidamente ni en cualquier dirección; incluso, contrastes de esfuerzos y propiedades entre formaciones pueden actuar como barreras para su propagación vertical.
¿Y el agua? La pregunta científica no debería ser simplemente si el fracking “contamina o no contamina”, sino: ¿existe una vía física e hidráulica que pueda comunicar la zona estimulada con un acuífero? Responder exige caracterizar la hidrogeología, las unidades confinantes, las fallas, las presiones y la integridad de los pozos, incluyendo sus barreras de acero y cemento. Los riesgos existen, pero precisamente por ello deben identificarse, modelarse, monitorearse y regularse.
Lo mismo ocurre con la sismicidad inducida. Es un fenómeno real y estudiado científicamente. Evaluar su riesgo requiere conocer las fallas, su geometría y orientación, el estado de esfuerzos y su proximidad a la estimulación. La pregunta correcta es si existe una falla susceptible de reactivarse y si una operación podría modificar suficientemente sus condiciones de presión y esfuerzo.
Tampoco podemos extrapolar automáticamente experiencias como Vaca Muerta. La Cuenca Neuquina y el VMM poseen historias tectónicas, arquitecturas estructurales, sistemas hidrogeológicos y condiciones geomecánicas diferentes. Debemos aprender de la experiencia internacional, pero el VMM debe evaluarse con datos del VMM.
La transición energética tampoco ocurrirá de un día para otro. El desafío es reducir progresivamente las emisiones mientras garantizamos seguridad energética y aprovechamos responsablemente nuestros recursos. La ciencia no está para defender ni condenar una tecnología; está para reducir incertidumbre. Por eso mi invitación es sencilla: estudiemos nuestra cuenca, caractericemos nuestros acuíferos y fallas, construyamos modelos geológicos y geomecánicos, monitoreemos la sismicidad y evaluemos la integridad de los pozos.
- Heber Bueno | Geólogo UIS Geología Estructural, Geomecánica de Yacimientos, Análisis de Fallas, Modelado Estructural e Interpretación Sísmica.











