Se va agosto con sus vientos, con sus cometas, con sus sueños. Se va ya pronto, se va con las amenazas de tormenta y con las esperanzas de un nuevo gobierno que viene, no como Lengerke, que hizo kilómetros de caminos semejantes a las «rayas de tigre» de la novela que todo santandereano debería leer en serio. Ese alemán que hizo su vida y su tumba en estas tierras, donde aumentó su fortuna y también su miseria, en estas montañas y en estas selvas, porque cada camino era otra raya al tigre de verdad, agregando, con cada camino que se abría en esa selva que no dejaba de sangrar como este país, donde prospera el odio y el rencor.
Se va este agosto con sus presagios y sus terremotos, que sacudieron una gran parte del país y del mundo. Se van mis hijos y las nietas, que nos devuelven a la niñez y al ingenio con alegría.
Seguirá el calor que quema todo, que va vaciando las quebradas y los ríos, sin bosques y sin lluvias, que cada vez serán más escasas. El calor de este agosto hace abrir las ventanas mientras la nieta mayor mira el cielo indescifrable para el futuro. Ese futuro de un mundo cada vez más caótico y egoísta.
Nos acordamos así de que somos homo sapiens y somos una jauría que va dejando todo desolado, saqueado y triste. No habrá futuro si no asumimos la defensa de este, hasta ahora, paraíso compartido con miles de seres, ríos y páramos, donde seguimos creyendo que el agua no se agota.
El mundo sigue ajeno al calentamiento global y a su propio apocalipsis.
Ni los papas, ni las profecías, ni las encíclicas, ni la ciencia las escuchamos, porque nos hemos vuelto necios y sordos, «hombres menores», y despreciamos esos saberes. No nos interesa el conocimiento ni la sabiduría para amar este mundo. ¿Qué le vamos a hacer? No habrá llanto que alivie ese dolor.
Mientras escribo en el parque de Zapatoca, recibo generosamente una «cargada de pájaro». No sé si reírme o llorar por la suerte de recibirla.
Nota: Barichara es el ejemplo de esa codicia y del poco interés en el bien común. Sin agua, sin perspectivas, con recortes cada día por medio, con un expresidente que solo recibió elogios, ni con todos los que se hacen llamar «importantes», ni con un alcalde que supuestamente anda en negocios, se resuelve este grave problema del agua.













