La educación es y ha sido siempre un pilar fundamental en el funcionamiento de la sociedad en general, constituyéndose en un motor de movilidad social, cohesión y desarrollo sostenibles pues establece los principios básicos de la adaptación a la vida comunitaria.
Aprender cuál es nuestro papel en un mundo colectivo es factor determinante de la convivencia social, definiendo la forma como debemos cumplir las obligaciones propias que nos impone el ser parte del colectivo.
Alguien, en algún momento de la vida y por qué no en todos, debe enseñarnos que, así como con fuerza y coraje reclamamos nuestros derechos, con igual determinación debemos cumplir con nuestras obligaciones tratando de encontrar el equilibrio necesario que nos permita una convivencia pacífica.
Todos debemos tener muy claro el cómo comportarnos en el colectivo social, aprendiendo y poniendo en práctica los usos, métodos y costumbres que debemos cumplir o evitar para que pueda darse un desarrollo armónico que facilite el vivir comunitario.
Por eso es necesario insistir en la educación, que es el mecanismo que nos va a mostrar: qué debemos hacer, cómo lo debemos hacer y qué debemos evitar para lograr una paz social.
Un ejemplo clásico lo vivimos cuando al empezar las campañas para el uso del cinturón de seguridad en los vehículos, al final se logró que incorporáramos la costumbre de usarlos como un factor vital sin que sea necesario que nos estén castigando por no hacerlo.

La antigua urbanidad de Carreño y las actuales normas de protocolo nos indican: qué debemos hacer, cómo debemos hacerlo y qué cosas debemos evitar para que el devenir comunitario esté dentro de los límites de la razonabilidad, la tranquilidad y el respeto de los derechos de los demás.
Hoy los medios de comunicación en toda su extensión, digámoslo mejor, todos los medios virtuales pueden cumplir esa labor educativa, implementando tips permanentes encaminados a demostrarnos cuál es la mejor manera del hacer social para que cada uno de nosotros tomemos conciencia, recordando que las fuerzas del cambio no se suman, sino que se multiplican.
Empecemos porque los ciudadanos tomen conciencia que la vida comunitaria es de todos y, por lo tanto, debemos respetar el derecho de los demás, comportándonos dentro de los limites sociales establecidos, de manera que podamos tener un desarrollo social armónico que facilite la convivencia pacífica.
Una campaña educativa (zanahoria), puede lograr más que una campaña sancionatoria (garrote), pues con la primera obramos por convicción y con la segunda lo hacemos por vigilancia y si ésta no existe, simplemente no la cumplimos; ejemplo: párese un minuto en una esquina y mire cómo se comportan los motociclistas y entonces nos darán la razón.











