Publicado por: Editorial
La reciente captura en Girón de un individuo conocido como ‘El Vaquerito’, por su presunta implicación en un caso de pornografía con menores de edad, es la evidencia más clara y reciente de una amenaza sistemática que acecha a la niñez en Bucaramanga y el área metropolitana, que utiliza las redes sociales y la confianza como armas virtuales verdaderamente contundentes y deja al descubierto un problema de gran calado que exige la atención inmediata y sostenida de la comunidad y la autoridad.
La estrategia documentada, conocida como grooming, es particularmente sinuosa porque no comienza con una agresión explícita, sino con la construcción meticulosa de un vínculo de confianza, como se vio en este caso, en la que el capturado se habría valido de su rol como creador de contenido e instructor de fútbol para acercarse a menores, a quienes luego contactaba por plataformas como WhatsApp, a menudo fingiendo ser un adolescente. Esta capacidad de simular identidades y explotar intereses comunes para manipular a los menores es lo que hace a este delito tan peligroso y difícil de detectar.
Los familiares adultos de estos niños y jóvenes deben entender que el peligro no se limita a la esfera virtual, pues la intención final de los delincuentes suele ser la producción de material de abuso sexual, que luego puede ser comercializado, en una estrategia perfectamente establecida que combina el engaño digital con acciones físicas, lo cual amplía el rango de daño y hace más importante entender que el peligro está tanto en la pantalla como fuera de ella, pues un 50 % de los agresores son personas del círculo cercano a la víctima.
Frente a esta realidad, la responsabilidad de padres, cuidadores y docentes es ineludible y en ello lo recomendable no es espiar a los menores, sino construir canales de diálogo que les permitan comunicar sus experiencias sin miedo a represalias o a ser juzgados. Es clave, entonces, que la primera reacción ante la revelación de un hecho de este tipo nunca sea cuestionar a la víctima, sino garantizar su protección y acompañamiento. Es fundamental ilustrar a los niños y adolescentes para que identifiquen comportamientos de riesgo, como el secreto con los dispositivos o las propuestas inusuales de desconocidos.
Por supuesto que esta alerta no se dirige únicamente a las familias, sino sobre todo a las autoridades locales de Bucaramanga y el área metropolitana que, con urgencia, deben dotar a los cuerpos de seguridad de las herramientas tecnológicas y la formación especializada necesaria y suficiente para prevenir, primero que todo, y perseguir estos delitos de manera eficaz y contundente, ya que la simple reacción ante un hecho cumplido no es suficiente.
El deber de las autoridades trasciende la acción investigativa y punitiva, pues debe dirigirse también a difundir frecuentemente campañas de prevención y pedagogía social que lleguen a todos los rincones del área metropolitana, informando a las familias sobre los riesgos y las rutas de denuncia. Desde esa perspectiva, el trabajo en información y justicia digital se convierte en una necesidad prioritaria para proteger el futuro de la infancia. La Policía Nacional ya ha reportado cifras de capturas y bloqueos de algunas páginas web, pero estas acciones deben complementarse con estrategias como la reciente Política Nacional para la Protección de la Niñez en Entornos Digitales.











