Barichara está decidiendo dónde se podrá construir durante los próximos años, pero sigue sin responder la pregunta más importante: ¿cuánta gente puede vivir allí con el agua disponible? Aprobar un nuevo Esquema de Ordenamiento Territorial, EOT, sin una respuesta comprobable sería una grave irresponsabilidad.
El municipio no parte de una situación tranquila. Hay preocupación por el abastecimiento y alertas sobre la calidad del agua que reciben habitantes del sector rural y urbano. Ante esa realidad, cada propuesta de expansión urbana debe venir acompañada de cifras claras: cuánta agua existe, cuánta se consume, cuánta necesitarán las nuevas construcciones y qué capacidad habrá para tratarla y distribuirla. Si la Alcaldía no puede demostrarlo, tampoco puede pedir que se confíe en su propuesta de crecimiento.
Preocupa igualmente el destino de las ideas presentadas por la comunidad. Más de 1.350 personas participaron en el Foro Ciudadano EOT Barichara 2025. Hablaron de agua, ambiente, patrimonio, ruralidad y del municipio en el que quieren vivir. ¿Dónde están reflejadas sus propuestas? ¿Cuáles se implementarán o se descartarán y por qué? La Alcaldía debe responder punto por punto, con argumentos que puedan discutirse. Tan importante participación ciudadana no puede ignorarse.
El proyecto de EOT debe conocerse antes de su aprobación, cuando todavía sea posible corregirlo. No basta con presentar mapas y términos técnicos que pocos pueden interpretar. Los habitantes tienen derecho a entender qué cambiará en sus barrios y veredas, qué suelo se protegerá, dónde se permitirá construir y qué consecuencias tendrán esas decisiones para el agua. El Concejo tampoco puede limitarse a votar: debe exigir esas respuestas públicamente.
Hay otra contradicción que debe evitarse. Barichara trabaja en una política pública del agua y, al mismo tiempo, revisa el EOT. Si un proceso busca asegurar el recurso mientras el otro permite aumentar su demanda sin medirla, la planeación pierde sentido. Ambos deben estar conectados. Lo contrario sería producir documentos costosos que se contradicen mientras el problema sigue llegando a las casas.
Tampoco puede quedar en el aire el futuro del Cinturón Verde. Si cumple una función de protección ambiental, cualquier cambio que lo afecte debe explicarse con estudios y frente a la comunidad. El patrimonio de Barichara no se limita a sus calles y fachadas: incluye el entorno natural del que depende su vida cotidiana.
La Alcaldía y el Concejo tienen ahora una decisión trascendental. Pueden exigir estudios, abrir un debate real y ajustar el EOT a los límites del territorio. O pueden aprobar reglas de crecimiento y dejar que las próximas administraciones y los habitantes enfrenten las consecuencias.
Sin agua suficiente y segura, autorizar más construcción no es planear el futuro de Barichara, es comprometerlo.












