Leila Guerriero viajó a la Residencia Literaria Finestres en Palamós, Costa Brava (España) tras las huellas de Truman Capote, quien vivió de forma intermitente en ese mismo lugar durante los años sesenta mientras escribía gran parte de su obra cumbre, A sangre fría. Cuarenta y nueve años después, en la misma fecha, Guerriero publicó La dificultad del fantasma (Anagrama), sobre la estancia de Capote en la Costa Brava.
El problema principal radicó en que, según la escritora, «Del fantasma que vine a buscar casi no quedan rastros. Y muchos de los que quedan han sido inventados».
Capote no hablaba español y los lugareños no hablaban inglés, lo que volvió la reconstrucción de su cotidianidad un ejercicio de aproximación fantasmal, de silencios y de vacíos que la cronista debe descifrar. No consiguió descubrir la vida de Capote, pero sí logró retratar el mito del escritor estadounidense en su paso por Palamós, y al final el mito es más importante que la realidad. Una pregunta atravesó su investigación: ¿Qué podrían recordar de un hombre que escribe? ¿Qué podían haber visto si lo más relevante que sucede en la vida de un escritor es lo que sucede en su cabeza?
Gracias al mito, Palamós se convirtió, en manos de Guerriero, en un pueblo surrealista, donde todo el mundo tiene una opinión sobre lo que hizo Capote durante los tres años que pasó ahí. El mito descubre la imaginación de los gerundenses y retrata el carácter de todos los personajes con quienes interactúo: el periodista que escribió la novela mítica sobre Capote en Palamós, Màrius Carol; la mujer que prepara sahumerios en las habitaciones para expulsar al fantasma de Capote. El colgado del pueblo. El dueño del restaurante donde se supone iba Capote. El ama de llaves del escritor que al parecer invitó a Capote a Palamós.
El texto borra las fronteras entre géneros y funciona simultáneamente como investigación periodística de campo al reconstruir la vida apacible pero atormentada de Capote en la costa catalana y como diario íntimo al registrar los hábitos de ella misma (como salir a correr por las mañanas) y los pánicos o certezas del proceso creativo.
La reflexión más importante que plantea es sobre los límites éticos del periodismo narrativo y la no-ficción que el propio Capote encumbró. El estilo investigativo de Capote dependía de una aproximación peligrosa con sus sujetos (llegando a generar vínculos de manipulación afectiva con los asesinos Dick Hickock y Perry Smith para conseguir sus testimonios). Guerriero, por el contrario, aborda sus perfiles desde una distancia implacable.
En su análisis sobre Capote, ella expone su posición sobre el autor estadounidense marcando una clara línea divisoria: para Guerriero, la literatura no justifica la manipulación humana.
A sangre fría fue uno de los hitos del nuevo periodismo estadounidense y se dice que inauguró el género de novela de no ficción. Leila Guerriero es una de las maestras del nuevo periodismo latinoamericano, ha inventado una nueva forma de escribir perfiles, y con este libro ratifica que, si para escribir una obra maestra es necesario jugar a ser Dios con las vidas ajenas, acelerando ejecuciones o falseando intimidades, entonces el precio de la belleza es demasiado alto. Una crónica es brillante no cuando devora la realidad, sino cuando es capaz de sostenerle la mirada a sus propios vacíos sin perder la decencia en el intento.












