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Viernes 23 de octubre de 2026 - 01:00 AM

La primiparada

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Conservar el Ministerio del Interior siempre será más difícil que conseguirlo. Es un trabajo de alto riesgo, alta exposición y – últimamente – bajo retorno. El cargo exige saber contar votos y manejar grandes egos. Esta semana Rodrigo Lara comprobó que se puede tener el respaldo del Congreso y perder el puesto por causas de procedimiento. Una primiparada bastante costosa para el gobierno.

Lara ya había perdido un pulso antes de comenzar. Quiso sacar adelante la presidencia del Senado para Alfredo Deluque y terminó viendo elegido a Honorio Henrique. Claro, hay que decirlo, jugó contra el mejor. El doctor Álvaro Uribe, que sabe que las votaciones se ganan antes de ingresar al recinto, logró literalmente Pactar la presidencia del Senado. Aquella derrota podía explicarse por el tamaño del contrincante. Esta tiene menos disculpas. Cero y van dos. Nocaut.

El presupuesto de 2027 – contrario a lo que pasó con la presidencia – si tuvo los votos, hubo discursos y celebración de madrugada. Faltó únicamente que el Senado y Cámara aprobaran el mismo texto, o lo conciliaran en sus diferencias. Vencido el plazo del 20 de octubre, el entusiasmo no alcanzó para convertir dos versiones distintas en una ley. Habían organizado la fiesta antes de dejar finalizada la tarea.

Conviene precisar qué se cayó. El presupuesto va a seguir adelante con los 634 billones previstos. El Estatuto Orgánico establece que regirá el proyecto presentado por el Gobierno con las modificaciones aprobadas en primer debate. Esa es la base del decreto. Lo que queda por fuera son los ajustes realizados por el congreso, es decir, el resultado de las plenarias.

Y ahí está el problema. Se pierden, respecto de lo negociado, tres billones adicionales para salud y casi ocho billones de aumento para inversión. También se revierte la reducción prevista en la partida de servicio de la deuda. El total puede ser idéntico cambian quienes reciben los recursos.

Tampoco decretar el presupuesto produce automáticamente el dinero para ejecutarlo. Autorizar gasto y financiarlo son trabajos distintos. El Gobierno conserva sus dificultades fiscales y ahora debe recomponer acuerdos que creía cerrados. Corregir el procedimiento tiene costos políticos; recuperar las asignaciones exige decisiones presupuestales.

Lara sostuvo que su tarea era solo garantizar los votos. Defensa curiosa para el ministro encargado de las relaciones con el Congreso, de quien la verdad todos esperábamos mucho más, por su trascendencia en la política y su gran apellido. Ahora llegará Alejandro Ordóñez. Tendrá que conseguir respaldo y cuidar que ese respaldo se traduzca en decisiones válidas. La experiencia debería servir, por lo menos, para revisar los textos antes del aplauso. A Lara la primiparada le costó el ministerio. Falta establecer ahora quien gana y quien pierde en lo regional con la redistribución de los recursos.

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