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Viernes 23 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Las eternas obras públicas

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Las ciudades tienen que hacer obras públicas, eso es indiscutible; lo que no entendemos es quiénes programan la ejecución que se hace para el desarrollo de las mismas, pues algunas veces, en la mayoría de los casos, parece que se hicieran sin planificación de ninguna naturaleza.

El Área Metropolitana de Bucaramanga, como las inmensas ciudades de este país, fueron diseñadas para un tráfico pequeño, pues sus calles angostas no dan para el desarrollo automotor del momento y nuestros dirigentes no fueron capaces de entender que el crecimiento económico y rodante en todos los sentidos, permitieron que los vehículos ya no fueran un lujo sino una necesidad social.

Por eso nos alegra cuando se empieza a hacer una mejora para obtener un tráfico más fluido; solo que la dicha desaparece cuando se da iniciación a las obras porque siempre se sabe cuándo empiezan, pero nunca cuando terminan.

Si la obra la hace directamente el municipio pareciera: primero, que a nadie le interesa la incomodidad que le causan a los ciudadanos; segundo, que nunca se ven los suficientes obreros que aligeren el proceso; tercero, que pareciera que ejecutan las obras por partes, que hay que acabar una para empezar otra y entonces el tiempo de ejecución termina alargándose indefinidamente; cuarta, que todo pareciera estar diseñado y planificado para causarle la mayor incomodidad posible a los ciudadanos en general.

Cualquier obra pública es un ejemplo de ello; miremos simplemente la variante que se está haciendo para darle salida a la autopista al tráfico sin tener que entrar a los barrios del Diamante, la que se podría hacer en 15 días si se quisiera, pero no sabemos cuánto tiempo llevará porque siempre que pasa uno, o no vemos obreros o hay 2 o 3 que trabajan en horario ministerial lo cual lleva a que sean muy pequeños los avances de la obra.

Otro ejemplo: las obras de repavimentación del ingreso a Ruitoque Bajo que partieron del error de hacerlas en horario pico de la mañana, creando una congestión que hizo que trayectos de 15 o 20 minutos duraran más de 2 horas sin que hubiera una razón válida del por qué no se hacen de noche y piensa uno: ¿Será que el pavimento no cuaja en la oscuridad? o ¿El que no cuaja es definitivamente el contratista o el funcionario público encargado del asunto?

Se muere uno de envidia de la buena cuando lee que en alguna parte se hizo una carretera de 54 km en unos pocos meses porque aquí eso mismo nos llevaría 10 años, más 4 prórrogas y 10 ajustes del contrato producto de la corrupción y el subdesarrollo.

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