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Sábado 24 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Automatizar el trabajo sin hipotecar el talento del futuro

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La inteligencia artificial está transformando la forma en que las empresas trabajan, toman decisiones y obtienen resultados. Su capacidad para automatizar tareas, agilizar procesos y mejorar la productividad representa una gran oportunidad. Pero aprovecharla también exige pensar en las personas y en cómo prepararlas para los trabajos y las responsabilidades del futuro.

Hoy, muchas tareas que antes realizaban quienes comenzaban su vida laboral pueden hacerse con inteligencia artificial. Esto permite trabajar más rápido y reducir costos, pero también plantea un desafío: si esas tareas desaparecen, ¿cómo aprenderán los jóvenes a hacer el trabajo, adquirir experiencia y asumir responsabilidades cada vez mayores?

La experiencia no se adquiere únicamente estudiando, se desarrolla al resolver problemas, aprender de los errores y trabajar junto a profesionales que conocen el oficio. Por eso, las empresas no pueden limitarse a contratar talento ya formado: también deben abrir espacios para desarrollar nuevas capacidades. Si todas buscan candidatos con trayectoria, pero pocas invierten en construirla, ¿quiénes asumirán los cargos de mayor responsabilidad en el futuro?

La solución no es frenar la inteligencia artificial ni mantener tareas que puede realizar mejor. Es aprovechar el tiempo que libera para que los nuevos profesionales aprendan más y aporten mayor valor. En lugar de dedicar horas a labores repetitivas, pueden concentrarse en analizar problemas, revisar resultados, proponer soluciones y aprender a tomar decisiones, con la orientación de quienes tienen más experiencia. Así, la tecnología no solo mejora la productividad: también puede acelerar el desarrollo del talento.

Para lograrlo, se necesita el compromiso de todos. Las universidades deben preparar a los jóvenes para las nuevas exigencias del trabajo; el Estado debe impulsar medidas que faciliten su acceso al primer empleo, y las empresas deben ofrecer oportunidades reales para poner en práctica lo aprendido. La formación no termina con un diploma: es en el trabajo donde el conocimiento se convierte en experiencia.

Para las empresas, formar talento también es una decisión estratégica. Significa preparar a sus futuros líderes, transmitir los conocimientos de sus equipos y evitar que la experiencia acumulada se pierda con el tiempo. En el sector salud, por ejemplo, la inteligencia artificial puede ayudar a analizar información y mejorar procesos, pero las decisiones siguen requiriendo profesionales capaces de interpretar los resultados, comprender cada situación y actuar con criterio.

El propósito no debe ser incorporar tecnología por el simple hecho de innovar, sino utilizarla para optimizar el trabajo, tomar mejores decisiones y generar valor. Esto exige que los avances tecnológicos vayan acompañados de oportunidades para que las personas aprendan, crezcan y asuman nuevos retos.

Automatizar el trabajo sin hipotecar el talento del futuro significa entender que la eficiencia no se mide únicamente por lo que una empresa logra ahorrar hoy, sino también por las capacidades que construye para afrontar los desafíos de mañana. Esa es la diferencia entre reducir costos y construir competitividad sostenible.

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