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Martes 27 de octubre de 2026 - 01:00 AM

El despertar

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En El sueño creador, libro retomado en varias ocasiones por la filósofa española María Zambrano, el tiempo, más que el sueño, es el verdadero protagonista. Allí nos invita a atisbar su dimensión, reconocerlo en su inmensidad y multiplicidad, ya que ante él nos enfrentamos en cada despertar: “Y con el tiempo… se recobra la accesibilidad de lo que nos rodea, la realidad necesaria, la realidad suficiente. Tiempo-libertad-realidad es la ecuación de todo despertar.” (986). Así, el tiempo se revela no solo como una medida, sino como una puerta hacia la comprensión de la realidad y de nuestra interioridad.

No se trata de un único tiempo con diferentes texturas o capas, sino de diferentes tiempos que se experimentan en sus propias dimensiones, abriendo así la posibilidad de una percepción más compleja. La relación del tiempo con los sueños es la manera más clara para que nos hagamos una idea de los múltiples tiempos, ya que todos hemos experimentado que mientras soñamos no podemos contar el tiempo, este se manifiesta de una manera atemporal.

Hay diversos tipos de sueños expuestos por María, solo me referiré a los sueños de la psique y de la persona. En los de la psique quien sueña es el personaje, que se arroja a un vacío en el que, de un modo pasivo, el sueño transcurre. En este espacio, el pasado —tiempo muerto— es el que dirige, y dentro de sus vestigios se manifiesta todavía cierta voluntad inconsciente. Por ello, afirma: “En la trivialidad de estas historias están, pues, contenidos el deseo y la ansiedad que envuelven la revelación de un pasado que aún no se ha hecho pasado del todo” (1031). Por esta razón, esos sueños revisitan aspectos superficiales de la infancia a los que todavía estamos ligados con nostalgia.

Por otro lado, los sueños de la persona se presentan como una verdadera revelación para la existencia. Entrar en el sueño, modificarlo, es conocer el tiempo realmente. Pero para que ello pueda ocurrir es necesario que se dé bajo los presupuestos de la acción verdadera, que es “trascendente, deshace el sueño y con él la atemporalidad; crea el tiempo propio de la vida de la persona que es apropiación del tiempo sucesivo. Y al desposeer a la persona deshace el personaje…” (1033). En los sueños de la persona se da el sueño creador, sueño al que el personaje todavía dormido, enmascarado, debe aspirar para despertar y trascender.

El análisis del tiempo y el sueño en la obra de Zambrano no solo es una exploración filosófica, sino también una invitación a entender el entramado de realidades y dimensiones temporales que conforman nuestra identidad, para despertar y terminar de nacer.

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