No me refiero en esta ocasión al trio colombiano con aporte del músico onzagueño Pedro Martín Silva ni al cuarteto cubano famoso por fusionar el bolero con el bossa-nova. Hago alusión a esta gema, el zafiro, dado que desde siempre se asocia a sabiduría evocando al nombrarlo algo muy valioso y duradero. Quisiera entonces denominar los zafiros a los tres científicos que fueron premiados con el premio Nobel de la medicina por sus investigaciones en opto-genética, técnica que, mediante la genética y la luz, hace posible investigar cuales circuitos neuronales, no confundir con las redes neuronales de la inteligencia artificial, están involucrados en el aprendizaje, las emociones, la memoria y la toma de decisiones. De pronto, en el futuro, esta técnica contribuya a dar respuesta a tres preguntas que atormentan a la humanidad: qué es verdad, existe el libre albedrio o todo está determinado y cual es el sentido de la vida. Por ahora, Karl Deisseroth,Petr Hegemann y Georg Nagel avanzaron en el entendimiento del funcionamiento del cerebro al lograr vincular la función de algunas células nerviosas con comportamientos específicos.
Primero descubrieron una proteína responsable de que un alga unicelular respondiera a la luz, luego encontraron que dicha proteína que denominaron rodopsina actuaba como un interruptor, permitiendo el paso de iones por un canal; posteriormente, modificaron genéticamente para que células de ratas produjeran tal proteína y se activaran con la luz y después demostraron vínculos causales entre circuitos cerebrales específicos y determinados comportamientos. A partir de estos hallazgos se han descubierto otras proteínas respondedoras a la luz, lo que a su vez ha permitido encontrar tratamiento para algunas formas de retinosis pigmentaria, y abriendo campos esperanzadores para el Parkinson y otras enfermedades neurológicas, siquiátricas y del corazón. Por ahora la ciencia abrió la puerta que conduce a un largo camino plagado de obstáculos desde observar el funcionamiento del cerebro, intervenir de forma selectiva algunos de sus circuitos, hasta llegar a su uso en terapias que sean seguras y efectivas.
Aún estamos muy pero muy lejos del entendimiento acerca de cómo funcionan nuestros cerebros en materia de aprendizaje, emociones, consciencia, o inteligencia, pero nuestra arrogancia nos hace creer que podemos desarrollar un cerebro superior al que la naturaleza nos ha dotado. La opto-genética es un paso adelante gracias a los hombros de gigantes de otros muchos hombres y mujeres de ciencia. A las ratitas también hay que reconocerles su aporte, con perdón de la sociedad protectora de animales.












