En Bucaramanga, el Centro de Entrenamiento y Reentrenamiento Canino del Ejército prepara perros y guías para sus especialidades, entre ellas la detección de explosivos y narcóticos.
Hay lealtades que no necesitan palabras. Basta una mirada, un gesto o una pausa precisa en medio del terreno para entender que entre un soldado y su perro existe algo mucho más profundo que el entrenamiento.
Detrás de cada misión del Ejército Nacional hay parejas dispuestas a entregarlo todo para cuidar la vida de sus compañeros de uniforme y de las comunidades. Una de ellas acaba de nacer en Bucaramanga, tras meses de preparación, juegos, disciplina y mucha confianza.
Él se llama Alan Sebastián García Muñoz, nació en Caucasia, Antioquia, y lleva apenas seis meses como soldado profesional. Ella se llama Emy y es una perra pastor belga. Juntos terminaron el curso que los habilita para detectar explosivos y avanzar lado a lado en escenarios donde un error puede costar muchas vidas. Además: Incautan diez toneladas de coltán en Vichada que estarían vinculadas al Eln
Una familia de dos en medio de la misión
Para García Muñoz, Emy es mucho más que una herramienta de trabajo. “Es con quien comparto mi día a día. No todo debe ser trabajo; también tiene sus momentos de esparcimiento. Ella es mi familia en el Ejército y una de las razones por las que cada día saldré a cumplir la misión con orgullo”, expresó el soldado.
Su camino no fue el más previsible. Prestó el servicio militar en la Armada Nacional, pero siempre soñó con vestir el uniforme del Ejército. Tras salir de la escuela de formación, ingresó de inmediato al curso de guía canino. La otra opción que tenía en mente era ser enfermero de combate, aunque lo suyo, cuenta, siempre fueron los animales.
Hoy agradece al Ejército la oportunidad de integrar esta especialidad y a quienes confiaron en sus capacidades. Portar el distintivo de guía canino, dijo, es un honor y una responsabilidad permanente. Incluso recomienda a sus amigos pensar en el Ejército porque allí, aseguró, los permisos llegan apenas se jura bandera. Lea también: El uso de drones explosivos en Colombia, así cambia el panorama de la guerra en el país
Del escritorio con un afiche a 18 centros
La historia de esta dupla se entiende mejor al mirar de dónde viene el programa. En el Centro de Entrenamiento y Reentrenamiento Canino del Batallón de Ingenieros de Combate N.° 5 Francisco José de Caldas, de la Quinta Brigada, en Bucaramanga, hay un espacio dedicado a la formación, el cuidado y la certificación de estos animales.
Publicidad
Allí habló Édgar Fontecha con Vanguardia, quien es entrenador y fundador del Centro de Entrenamiento y Reentrenamiento Canino de Bogotá, quien recordó unos comienzos casi improvisados.
Cuando llegó a asesorar al Ejército, a mediados de los años noventa, no había un departamento canino organizado. Había un escritorio y un afiche con un labrador. Las primeras ideas apuntaban a que los perros cumplieran otros oficios, pero ese camino no resultó viable.
En 1997 se dictó el primer curso de perros de explosivos y, en 1998, se oficializó el centro canino mediante una resolución. Se entrenaron 15 perros, que entonces se llamaban de guardia y defensa.
Los resultados despertaron tanto interés que todas las unidades quisieron tener los suyos, porque el perro le da movilidad a la tropa y solo él puede decir con certeza si hay o no un explosivo. Siga informado: Ataques con drones sacuden a Norte de Santander y dejan daños en estaciones de Policía
El crecimiento llegó rápido. Los primeros caniles funcionaron en Bogotá, Cali y Bucaramanga. En el 2006, la Escuela de Ingenieros asumió el mando de los centros y, en 2011, ya había 16, con capacidad para 120 perros cada uno.
Fontecha recordó que el país llegó a tener 8.000 perros y que a él le tocó dirigir grupos de más de 50 alumnos. Hoy el Ejército cuenta con 18 centros caninos, dos criaderos especializados y un centro de transición, todo bajo la Escuela de Ingenieros Militares.
Publicidad
Según el entrenador, ya han pasado más de 17.000 binomios por el centro; es decir, más de 17.000 uniformados y otros tantos perros. “Ya somos referente a nivel mundial”, afirmó, y anotó que además apoyó el entrenamiento de guías de la aeronáutica de Chile. También han llegado alumnos de Brasil, Ecuador, Paraguay, Panamá y México. Además: Capturan a alias “Kevin Masacre” en La Guajira cuando viajaba en una camioneta de alta gama
Cinco especialidades y un entrenamiento que parece juego
Las especialidades son detección de sustancias, desminado humanitario, rastro e intervención, rastro específico y búsqueda y rescate. Entre los perros formados están Wilson y Ulises, dos pastores belgas que participaron en la Operación Esperanza en el 2023, destinada a buscar a los cuatro niños indígenas —Lesly, Soleiny, Tien Noriel y Cristin—, extraviados tras el accidente de una avioneta Cessna en las selvas del Caquetá y el Guaviare.
Las razas que mejor se adaptan al terreno y al clima del país son el labrador y el pastor belga. Aunque el entrenamiento supera los cuatro meses, para el animal todo es un juego. “Lo que hacemos aquí es jugar. Este es el mejor trabajo del mundo”, enfatizó Fontecha.
El sargento viceprimero Marino Elejalde Cubillos, comandante de la sección de entrenamiento y reentrenamiento canino del Batallón de Ingenieros Militares N°5 Francisco José de Caldas, explicó cómo se construye un binomio.
Publicidad
Todo empieza en los criaderos de Chiquinquirá y Tolemaida, donde los cachorros son inducidos al juego desde que son destetados. Entre los cuatro y los cinco meses pasan al centro de transición y, después de los 10 meses, se seleccionan los perros que irán a cada centro del país. Además: Ejército halla una tonelada de explosivos ocultos en zona rural de Sardinata
El curso dura 18 semanas. En la primera fase, de unas seis semanas, el perro asocia el olor de la sustancia con un juguete hecho con un pedazo de toalla limpia y aprende a guiarse por el olfato.
Luego llegan el trabajo de punto a punto, el cuarteo, el control con la trabilla y la adaptación a ruidos como los de motores, aeronaves y disparos, siempre con el guía al lado para darle seguridad. Al final, un instructor de la Escuela de Ingenieros certifica si el perro sirve o no. Después vienen la ceremonia de clausura y el servicio en terreno.
El perro solo actúa cuando recibe una orden del guía, que usa palabras cortas en alemán o inglés. Cuando encuentra la sustancia, se sienta como señal positiva y recibe su premio.
Publicidad
El sargento añadió que cada binomio tiene una vida útil conjunta de unos ocho años y que, al retirarse, el guía tiene prioridad para adoptar a su compañero. El curso 137 dejará siete caninos para este batallón: cinco para seguridad de instalaciones y dos para detección de explosivos. Además: El FBI y la Interpol en Santander: Las pistas que revelaron el paradero de la familia del temido narcotraficante ‘Fito’
El cuidado de quienes también protegen
El teniente Cristian Fernando Rojas Pérez, médico veterinario del batallón, detalló que cada canino recibe un examen clínico a su llegada, que incluye la revisión de sus constantes, peso y estructura.
Los guías aprenden primeros auxilios y bienestar animal, y los perros salen a operaciones con un kit básico que incluye suero, antibióticos, analgésicos y elementos para desinfectar heridas.
Cada 7 de agosto, Día Nacional del Ejército, se reconoce el trabajo de estos binomios en operaciones militares, humanitarias y de rescate. Son soldados y canes que, unidos por la confianza y la vocación de servicio, fortalecen la seguridad del país.

















