En ese análisis se identificaron cuatro causas estructurales que explican por qué, a pesar de su riqueza, Colombia sigue atrapada en la pobreza.

Bajo este título, el economista y filósofo Jorge Iván González Borrero, exdirector del Departamento de Planeación Nacional, ha venido exponiendo en distintos foros académicos la visión que orientó la formulación del Plan Nacional de Desarrollo (PND). Este buscaba encauzar la corrección de los mediocres avances en el cierre de brechas sociales y económicas, así como alcanzar mejores niveles de competitividad. Su inaplicación ha llevado a un consenso cada vez más extendido: ¡la planeación en Colombia ha fracasado!
En ese análisis se identificaron cuatro causas estructurales que explican por qué, a pesar de su riqueza, Colombia sigue atrapada en la pobreza. En primer lugar, la planeación ha sido tradicionalmente sectorizada: se formulan planes y reformas en educación, salud, vivienda o infraestructura, pero sin articulación entre sí. En segundo lugar, la departamentalización ha resultado excluyente: la dificultad para acordar iniciativas de alcance regional con los gobernadores es alarmante. Como consecuencia de ambos factores, se ha incurrido en un doloroso despilfarro. En los últimos dos años, se han dispersado 35 billones de pesos en microproyectos —algunos inconclusos, muchos intrascendentes y otros abiertamente inservibles— especialmente en el campo de Ciencia y Tecnología. Finalmente, se ha abusado del enfoque identitario: el principio constitucional de igualdad ciudadana ha sido desplazado por demandas de reivindicación de grupos poblacionales, lo que ha contribuido a una mayor atomización del presupuesto y a la profundización de las discriminaciones.
Estos problemas estructurales —descritos en el PND— corroboran la apreciación del doctor Mauricio Gaona, según la cual Colombia sigue anclada en el siglo XX. El aumento de la pobreza y la ausencia de un proyecto nacional han sido caldo de cultivo para populismos de todos los matices. Colombia no está institucional, política, legal, social ni culturalmente preparada para afrontar la veloz transformación que impone la inteligencia artificial.
Mientras tanto, frente a la gravedad de lo que se avizora como una de las crisis más severas de nuestra vida republicana, cerca de un centenar de precandidatos presidenciales continúa centrado en mecánicas electorales, intereses personales y discursos vacíos. A su vez, el presidente Petro abandona su función de gobierno, pero se aferra al poder e intenta —de la mano del ministro de Justicia— crear un marco de confusión legalista con el fin de instalar un modelo autoritario de corte seudodemocrático.
El PND —aprobado por el Congreso de la República— constituye un punto de partida para enfrentar la difícil situación a que estamos abocados. Las cinco estrategias transformadoras y los mecanismos propuestos para su implementación deben convertirse en materia de un debate nacional serio, informado y comprometido.










