El problema actual se deriva de la obsecuencia del gobierno Petro con los violentos y una paz total que solamente ha servido para que los grupos armados se hayan fortalecido. Tenemos un presidente que ha sido inferior al desafío del cargo. Con una manera particular de gobernar, distante de la realidad, de sus funcionarios y del país.

Lo ocurrido el sábado pasado en Bogotá cuando un sicario menor de edad atenta contra la vida de Miguel Uribe, uno de los jóvenes líderes políticos más prometedores para ayudar a transformar a Colombia, nos regresa a una de las épocas más oscuras en la historia de Colombia. Todos los colombianos estamos haciendo una cadena de oración por la pronta recuperación del precandidato presidencial.
Colombia está viviendo un retroceso. Es indiscutible. El atentado contra Miguel Uribe nos recuerda una de las épocas más tristes de Colombia entre 1989 y 1990 cuando tres precandidatos presidenciales, Luis Carlos Galán, Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo fueron asesinados por esa nefasta alianza del narcotráfico y el paramilitarismo. Fue la misma época en que Pablo Escobar decide hacer explotar una bomba en un avión de Avianca con destino a Cali y volar el edificio del antiguo DAS.
El país estuvo en jaque. Se vivieron momentos de zozobra. Colombia se estaba volviendo un estado fallido. La situación no mejoró en los siguientes 10 años cuando la guerrilla de las Farc nos tenía prácticamente secuestrados a todos los colombianos. Después vino el acuerdo de paz, el país se llenó de optimismo y la seguridad en los territorios mejoró. Pero no por mucho tiempo. El estado fue incapaz de llenar los espacios vacíos dejados por la guerrilla, vastos territorios de la Colombia profunda siguieron en el abandono y los grupos disidentes de las extintas Farc, el Eln y otros grupos armados ilegales se tomaron los territorios para seguir delinquiendo.
Hoy los indicadores de seguridad son preocupantes. El país con más de 250.000 hectáreas de coca, el secuestro y la extorsión de regreso a las zonas rurales, los actos violentos hacia la fuerza pública no cesan y los ataques terroristas a las poblaciones se están volviendo frecuentes. Ayer se pudo apreciar que la violencia de los 90s está de regreso con la escalada de carros bomba, cilindros con explosivos en la vía Cali-Palmira y acoso a las fuerzas del estado en otros municipios del suroccidente de Colombia. Fueron más de 16 ataques.
El problema actual se deriva de la obsecuencia del gobierno Petro con los violentos y una paz total que solamente ha servido para que los grupos armados se hayan fortalecido. Tenemos un presidente que ha sido inferior al desafío del cargo. Con una manera particular de gobernar, distante de la realidad, de sus funcionarios y del país. Un presidente que solamente se comunica por las redes sociales y no precisamente para unir. Vocifera diariamente, delira y miente. Petro está llevando a Colombia por una ruta de la cual nos va a tocar mucho esfuerzo y liderazgo regresarnos. Seguramente lo lograremos a partir del 2026.










