Columna de opinión de Armando Martínez Garnica

El 23 de abril de 1913 fue firmado, por parte del ministro de Obras Públicas de la Administración Carlos Eugenio Restrepo, el primer contrato de exploración de yacimientos petroleros.
El beneficiario fue Weetman D. Pearson, el magnate inglés que en 1910 había hallado los yacimientos petroleros de Tuxpan (Veracruz).
Pero la Cámara de Representantes no aprobó este contrato, por las pasiones políticas y la oposición al presidente.
El mandatario no se amilanó porque consideró que el contrato con la compañía inglesa ya había servido de “espantajo” ante los estadounidenses, haciéndoles entrar en razón y justicia, convenciéndoles de que debían reparar a Colombia por su participación en la separación de Panamá, que tanto dolor y rencor había dejado.
Así fue: el 30 de agosto de 1913 presentó sus cartas credenciales el nuevo enviado de los Estados Unidos, Thaddeus Austin Thomson.
Sus instrucciones eran tan precisas, que un mes después entregó a la Cancillería del país la nota que abrió el camino a la firma del Tratado Urrutia-Thomson del 6 de abril de 1914: el gobierno de los Estados Unidos deseaba sinceramente que fuese borrado y olvidado todo lo que hubiese podido alterar la “íntima y antigua amistad” que tenía con Colombia.
Por ello estaba dispuesto a reparar los daños y perjuicios con 25 millones de dólares y a permitir el paso privilegiado de los navíos colombianos por el Canal de Panamá.
A cambio, Colombia reconocería a Panamá como nación independiente, fijando los límites conforme a lo establecido por la ley de 1855, que lo había creado como estado federal.
Pero el Congreso de la Unión Americana no ratificó el tratado, hasta que se hiciera una docena de modificaciones, entre ellas la eliminación de la expresión “sincere regret” en el primer artículo.
En ese contexto, el Congreso colombiano también entró a los debates por las modificaciones, con lo cual habría que esperar hasta la legislatura de 1921 para la aprobación definitiva.
Por su parte, la compañía Tropical Oil Company pudo comenzar sus exploraciones en Barrancabermeja y Colombia entró a la “danza de los millones” de la década de 1920, un salto adelante en su progreso material. No hay mal que por bien no venga.












