Un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM, 18 de mayo de 2026) advierte: “El calor sin precedentes, la sequía persistente, las lluvias extremas y los devastadores ciclones tropicales afectaron a las comunidades y economías de toda América Latina y el Caribe, mientras que el deshielo de los glaciares provocó un aumento de los peligros a corto plazo, como las inundaciones, y un riesgo a largo plazo para la seguridad hídrica”. “Los fenómenos climáticos extremos están perturbando cada vez más la producción de alimentos, sobrecargando los sistemas de salud y amenazando el acceso al agua potable en toda la región, a medida que los fenómenos meteorológicos extremos se vuelven más severos y frecuentes”.
Frente a estos graves fenómenos —generados por actividades humanas— que están ocasionando desastres en todo el planeta, algunas organizaciones, como el Alto Consejo para el Clima (HCC) de Francia, han señalado la importancia de que el Gobierno adelante acciones para mitigar la crisis, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero y otras medidas relacionadas. Y que, al mismo tiempo, oriente a las poblaciones y autoridades locales para reducir los graves riesgos asociados a estos fenómenos climáticos.
Señala el HCC: “Estamos entrando en una zona peligrosa, donde las temperaturas superiores a 40 °C afectan ahora regularmente a una gran parte de la Francia continental”. “La creciente frecuencia de peligros climáticos, como las olas de calor, sequías prolongadas, fuertes incendios, lluvias torrenciales y otros fenómenos, tiene un impacto cada vez mayor en las escuelas, la salud, la sociedad, la economía y el medio ambiente, sumiendo a los residentes, las infraestructuras, las empresas y los ecosistemas en un estado de gran vulnerabilidad”. “La respuesta del Gobierno para garantizar la adaptación y superar los riesgos es insuficiente”. “La infraestructura, la planificación territorial y las actividades económicas se han desarrollado y adaptado a un clima que ya no existe”. “Francia debe movilizarse para afrontar estos retos y reorientar sus políticas de mitigación y adaptación para protegerse del cambio climático”.
La Organización Meteorológica Mundial señala: “La reducción del riesgo de desastres tiene como objetivo prevenir nuevos riesgos generados por la crisis climática y reducir los existentes, así como contribuir al fortalecimiento de la capacidad de las personas para adaptarse y sobreponerse a estos graves riesgos. La gestión del riesgo de desastres (GRD) comprende procesos y acciones para lograr este objetivo, además de gestionar y transferir los riesgos residuales y minimizar las pérdidas y los daños”. “Los sistemas de alerta temprana (SAT) son herramientas vitales para salvar vidas cuando surgen peligros ambientales”.
Son programas y sistemas esenciales que deben adelantar los gobiernos. Esperemos que el nuevo Gobierno acoja este tipo de recomendaciones y adelante programas que, por el momento, no aparecen en sus superficiales propuestas.











