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Carlos de Hart
Sábado 22 de abril de 2023 - 12:00 AM

El ‘autosuicidio’ de la reforma laboral

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Debo confesar mi desconcierto con los agresivos improperios de los que he sido objeto por opinar, en mi columna de hace cuatro semanas, sobre los nocivos efectos que sobre el aparato productivo, el empleo y la informalidad, traería la reforma laboral.

De esos insultos pude captar varias cosas.

Primero, se hace evidente la efectividad del adoctrinamiento de la extrema izquierda en el que falazmente posicionaron al empresario como el ‘oligarca’ opresor del ‘proletariado’, que no paga lo justo y engaña. A partir de allí, todo vale con tal de castigar al villano.

En segundo lugar, casi nadie se toma el trabajo de leer la reforma. Sólo han oído la versión acomodada del gobierno y sus acólitos y creen que se trata de asuntos meramente remuneratorios, como mejorar sueldos y reconocer horas extras, nocturnas y dominicales.

Desde luego la reforma contiene elementos en ese sentido; duros para algunos sectores. Pero, creo yo, eso es lo menos preocupante del texto. Lo grave de la reforma es que desconoce la difícil coyuntura de desempleo e informalidad del país (recordemos que la misma Ministra Ramírez aseguró que la reforma no generará empleo) y que está profundamente desconectada de la realidad de cómo funcionan los negocios en todo el planeta.

Esta reforma prácticamente elimina la tercerización de servicios (cuando la tendencia mundial es subcontratar aquello que no es el foco del negocio) y los contratos a término fijo (no entiende la estacionalidad de muchos sectores). Ya será prácticamente imposible despedir a una persona (incluso pagándole obviamente su indemnización), necesitando autorización judicial previa. Obliga a las empresas a firmar convenciones colectivas que deberá negociar con los sindicatos de industria (que no tienen ninguna conexión con la empresa ni sus trabajadores), quitándole todo el poder de negociación a los trabajadores de la empresa o a su sindicato de base, que en cambio sí se ven obligados a pagarle cuota al sindicato de industria. Y como estas, muchas otras absurdas medidas que nos devuelven en el tiempo.

Quienes han sucumbido a esa narrativa de odio de clases deben entender que el ataque a las empresas y su ulterior destrucción es, como dice el narco-dictador Maduro, un ‘autosuicidio’. Porque sin empresas, no hay empleo. Y sin empleo, habrá miseria y pobreza.

Por: Carlos de Hart - Empresario y Ex Viceministro de Desarrollo Empresarial.

En Twitter: @CarlosdeHart

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