Por Juliana Martínez

Edward Ryan era un hombre, no solo modelo, sino incluso heroico: el tío favorito de sus sobrinos, veterano del ejército, coronel condecorado de la Guardia de Nueva York y, en sus tiempos libres, bombero voluntario.
Tal vez apropiadamente, Ryan murió el primer día del mes del Orgullo de este año -a los 85- y dejó escrito su propio obituario. El texto es bastante formulaico, pero el último párrafo dice: “Tengo que decirles una cosa más. Fui gay toda mi vida: durante la escuela primaria, durante la secundaria, durante la universidad, durante toda la vida.”
Además, agrega que: “Estuve en una relación amorosa y de cuidado con Paul Cavagnaro…
“Él fue el amor de mi vida. Tuvimos 25 maravillosos años juntos,” añadiendo después que Paul murió en 1994, y que su deseo era ser enterrado junto a él.
El texto concluye disculpándose por “no haber tenido el valor de salir del clóset como gay,” y explica: “Tenía miedo de ser rechazado por mi familia, amigos y compañeros de trabajo. Al ver cómo trataban a las personas como yo, simplemente no pude hacerlo.” Finalmente dice: “ahora que mi secreto es conocido, descansaré en paz para siempre.”
El hecho de que un hombre acostumbrado a jugarse la vida haya preferido esperar hasta su muerte para compartir su verdad y reconocer públicamente su amor dice mucho de los arraigados prejuicios que aún existen sobre las personas LGBTQ+.
Así, cuando se pregunten, o alguien les pregunte que por qué no existe un día del orgullo heterosexual, les invito a que piensen en Edward. ¿En qué contexto decir que somos heterosexuales podría costarnos el apoyo familiar, las condecoraciones militares, el reconocimiento social e, incluso, nuestra propia vida, hasta el punto de sentirnos obligados a callar hasta el día de nuestra muerte?
En el mes del orgullo, les invito entonces a que celebremos el legado de Ryan. Es decir, a que construyamos un mundo donde la orientación sexual de nadie sea una “revelación” ni un “secreto” (póstumo o no), y en el que todas las personas podamos vivir nuestra verdad en paz, aquí, y ahora.










