Publicado por: Sergio Rangel
Hablar de Albert Camus en estos tiempos confusos y además electorales hace falta. Muchos tienen autores como biblias y el mío es él, el hombre que se fue en un accidente automovilístico camino de París una madrugada de enero de 1960. Todavía hace falta y más en una época como estas.
Camus era un profundo conocedor del alma, del poder, de la vida, de las ideologías (a las que despreciaba), las artes y hasta del amor: “si bastase con amar, las cosas serían demasiado sencillas. Cuanto más se ama tanto más se consolida el absurdo. No es por falta de amor que Don Juan va de mujer en mujer...Tiene que repetir ese don y ese ahondamiento porque ama a todas con el mismo ardor”. Frase que causa dolor y también alegría.
Camus dijo y sigue diciendo muchas cosas y su pensamiento todavía conmueve. El autor del “Calígula”, ese libro que muestra el poder con toda su crudeza y su alcance mortífero, reflexionó sobre la indiferencia del ser humano respecto al mundo que lo rodea.
Su padre, francés que murió en la primera guerra mundial y que buscó toda su vida, y su madre, analfabeta de origen español (Camus le leía novelas y en el cine le traducía los textos) a la que adoró, fueron formando a un hombre que amaba la vida, de carácter recio y decidido, capaz luego de rechazar los totalitarismos, tanto de derecha como de izquierda, descreyendo de todos aquellos que creían que eran necesarios “unos muertos para llegar a un mundo donde no se matara”. Enemigo de los nazis y también, en su momento, crítico de los excesos de la izquierda comunista y de la Unión Soviética, Camus fue un hombre libre que amo la justicia pero también la libertad.
El tiempo va cambiando y ahora llega el de los líderes de sectores populares que añoran y quieren participar en la construcción de la sociedad que los utiliza (por ahí dijo uno: “ya les dimos oportunidad los dotores”). Líderes mayoritariamente varones (35 % son mujeres) que, sin embargo, no están prometiendo necesariamente nada nuevo, volver al patriarcado. En estos tiempos de confusión y cambio, lleno de gente afanada en comprar conciencias para llegar a engañar como este burgomaestre que se va con su feria de licor, hay que acudir a él, a Albert Camus, que abre luces y eleva el espíritu.










