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Eduardo Pilonieta Pinilla
Viernes 16 de marzo de 2012 - 12:00 AM

Fernando Hinestrosa Forero

Publicado por: Eduardo Pilonieta Pinilla

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La muerte, ese destino universalmente ineludible, no deja de golpearnos cada vez que la enfrentamos cuando alguien que ha compartido con nosotros  en el devenir cotidiano, se nos ha anticipado en la partida, dejándonos una sensación de vacío profundo, nacido del saber que ya no estará más con nosotros.


Racionalmente comprendemos que el paso inexorable de los años va acortando nuestra distancia con la muerte y a pesar de tenerlo absolutamente claro, el saber que ésta le llegó a alguien, que de una u otra manera hace parte de nosotros, nos agobia y entristece, pues sabemos que terminó su ciclo  y que ahora será solo recuerdos, enseñanzas, ejemplos, vivencias y sentimientos. Por eso hoy queremos compartir con ustedes el dolor inmenso que sentimos al haber perdido a quien nos indicó el camino profesional, nos dió la mano cuando lo necesitamos, fue el consejero a acudir cuando estábamos en dificultades y la luz que siempre guió el ejercicio limpio de una profesión que hace ya cuarenta años nos acompaña: el maestro de maestros Fernando Hinestrosa Forero. Lo disfrutamos cuando fuimos sus alumnos, aprendimos de él cómo se puede ser un gran señor, cuando ya éramos doctores y fue siempre ese faro que constantemente nos llevó a tener la fortaleza necesaria para encontrar el camino cuando parecía lo estábamos perdiendo. Colombia pierde uno de sus grandes hombres;  el Derecho todo un ejemplo a imitar y nosotros, un buen amigo que siempre tuvo nuestro nombre en su memoria y una frase amable que hacía que encontrarnos  con él fuera todo un banquete para el espíritu. Se fue el hombre, pero nació la leyenda y no nos cabe la menor duda que el doctor Fernando fue para nosotros, como su padre Ricardo lo fue para los nuestros: un dechado de hombre, un abogado íntegro, un rector magnífico, un amigo inolvidable y un verdadero ejemplo a seguir. En la historia colombiana y especialmente en los anales de las ciencias jurídicas quedará su nombre escrito para siempre, en constancia de  lo que fue todo un referente de vida. Paz en su tumba.   

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