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Eduardo Pilonieta Pinilla
Viernes 02 de julio de 2021 - 12:00 AM

Así no es

Publicado por: Eduardo Pilonieta Pinilla

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Cuando se iniciaron las protestas entendimos que había serias razones para ellas, pero cuando se tornaron violentas empezamos a sentir que esa no era la forma y lo grave del asunto es que, dos meses después, lo seguimos pensando.

Es una lástima que en una situación crítica, cuando la razón cede ante la violencia los argumentos empiezan a desaparecer y lo que era un auténtico movimiento social termina convertido en el accionar de unos bandidos, muchos de los cuales ni siquiera comprenden bien qué están defendiendo.

Impresiona ver cómo los sindicatos que impulsaron el desorden, como el de los educadores, se niegan a volver a la presencialidad alegando la ausencia de condiciones de seguridad, pero propiciando los hacinamientos producidos en las marchas en una actitud tan sin sentido como lo que proponen.

Hoy estamos pagando, con contagios, las aglomeraciones que los paristas promovieron.

Desde luego los revoltosos son ángeles que solo se defienden de los ataques de la fuerza pública en un cuento que ya no se lo cree nadie, ni siquiera los miembros del fantasmagórico Comité de Paro que no son otra cosa que los sindicalistas usando las tácticas que han venido empleando desde siempre, agravadas por la incapacidad del Estado para impedirles que actúen por las vías de hecho.

Llamar a la destrucción sistemática de lo que se encuentran en el camino no deja de ser un eufemismo muy propio de nosotros que nos encanta cambiarle el nombre de las cosas para convertirlas de malas a buenas.

Tender un cable atravesando una vía de tráfico abierto y matar con ello a un motociclista es un acto criminal por donde quiera que se le mire y quienes realizan estos actos delictivos son auténticos asesinos. Será una lástima que no les suceda nada pues muy seguramente no serán identificados y si son capturados no faltará el juez que alegando la falta de una palabra en el discurso de su captura los deje en libertad quedando un inocente muerto, una familia destrozada y unos protestantes satisfechos porque por fin están reivindicado sus derechos.

La violencia es el derecho de las bestias.

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