
Publicado por: Felipe Zarruk
Algún día mientras le compraba un piano a mi hija Gabriela, el maestro Carlos, un músico bogotano gran amigo de Kiko Navarro, me mostraba las bondades del equipo y a la vez colocaba en su computador una canción que compuso el sensacional pianista griego Yanni, como homenaje al cantante mexicano José José, quien tenía su voz muy apagada y su salud no caminaba bien. El quería que yo la escuchara, ya que mi estado de ánimo estaba por el suelo a raíz de la muerte de mi madre. Cuando sonó y vi el concierto que hizo “El príncipe de la canción” en Acapulco, tuve la misma reacción que el público presente: Llorar a moco tendido. No sólo por la forma en que la interpretó, unido a la dulzura del sonido que salía del piano de Yanni, también por la letra que parecía compuesta por un dios del olimpo en Kalamata. Consideré apropiado escribir estas letras porque a cada paso que doy por los andenes de mi ciudad, en los centros comerciales, las universidades, los clubes, los restaurantes y cuanto sitio frecuento, la gente sólo pregunta y habla del Atlético Bucaramanga, que desde hace 10 fechas y a raíz de siete victorias consecutivas, con un fútbol espléndido y lírico, sumado al excelente desempeño de todo un plantel, tienen de cabeza a más de dos millones de locos que tiemblan de amor por un equipo que en más de 70 años nunca ganó nada, aparte de conquistar el corazón de todo un pueblo.
Por eso cito el inicio de la canción del nadador y psicólogo griego, la cual deja un mensaje limpio y claro: “No hay antes ni después, no hay relojes ni plazos... sólo hoy, vivir así sin titubear, cada instante un encanto especial...”. En la primera estrofa la caja armónica y el puente del piano le dejan tensadas a uno las cuerdas de la entraña. Si seguimos parafraseando la letra de la canción encontramos que “Las huellas del tiempo en la piel, tejiendo historias que nos hacen crecer....”. Que más huellas que las que llevamos en el escudo, en la camiseta, en el corazón, siempre lastimados, arrastrando tristezas que sólo sanan con un algodón lleno de un merthiolate especial que permanece sanando las raspaduras del alma.
Que los jugadores escuchen la canción, que los hinchas también lo hagan, volver a creer en lo que uno tiene por dentro. Es hora de sacarlo, sin pensar, sin cuestionar, sólo volver a creer, tal y como fue el deseo de un pianista con el mejor cantante de todos los tiempos, para creer en uno mismo y lograr el sueño adorado: Un título. Volver a creer, eso es lo que necesitamos todos.
Chao y hasta la próxima.











