Fue un encuentro cargado de pólvora nostálgica.

Publicado por: Felipe Zarruk
El jueves pasado a eso de las 11 de la mañana, recibí la llamada de Gustavo Aceros hijo de "Cuca" en donde de manera fraternal me autorizaba para visitar a su padre en la Fundación Cardiovascular de Santander.
Sin pensarlo más de una vez, junto a mi amigo Alejo Oviedo pusimos primera en su auto y llegamos bajo un ardiente sol al centro médico ubicado en el barrio El Bosque, en donde me recibieron con un especial respeto.
Subí por uno de los ascensores a la habitación 804 en donde estaba Hermánn, quien dormía y roncaba como un oso hibernando. Luego de saludar a las enfermeras y al doctor Jorge, crucé de manera silenciosa el umbral de la puerta del recinto y me dediqué a observarlo mientras oraba por su estado de salud.
Era medio día y de repente las enfermeras y el mismo médico me invitaron a que lo despertara y le hablara porque ya era hora de que "Cuca" recibiera su medicina y su alimento. Ellas le hablaron al oído y cuando el delantero del Bucaramanga, Cali, Medellín, Millonarios y la selección Colombia abrió los ojos, se estrelló con mi mirada llorosa y mi voz ronca que le saludaba al tiempo que él sonreía y balbuceaba:
"Es un placer... Es un placer”. Fue un encuentro cargado de pólvora nostálgica ya que cuando le envié saludos de su compadre el "Loco" Rolando Serrano y del "Caimán " Sánchez se intentó bajar de la cama para abrazarme mientras las enfermeras le sujetaban por los brazos.
Le grité que lo quería mucho y mientras le aplicaban sus medicamentos, di un par de pasos y me dirigí a la cabecera de la cama, desde donde le pude dar el último beso en la frente a quién batió en singular duelo a la "Araña Negra" Lev Yashin en el mundial de Chile 62.
Las enfermeras le decían que me diera uno y "Cuca" muy coqueto dirigió su boca hacia Marcela, una enfermera muy bonita que ocultaba sus bellos ojos en un par de gafas de aumento.
La risa de todos fue general y mientras intentaba despedirme, me alcanzaron un par de pañitos para secar el torrente de lágrimas que empapaban mi camiseta. Ayer "El Cuca" se acaba de despedir de las canchas terrenales y se fue al vestuario celestial en donde lo estaban esperando 16 de sus compañeros de aquella inolvidable selección de Pedernera, incluyendo a su compadre Marcos Coll.
Gracias por todo, por tus risas, por tus enseñanzas, por la bondad para todos y por los recuerdos imborrables que dejaste en miles y miles de familiares, jugadores y amigos. Gracias por la campaña del 84, gracias porque fuiste mi padre durante 12 años.
Ahora soy yo el que no está para fiestecitas. Nostálgico abrazo, Chao y hasta la próxima.











