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Felipe Zarruk
Domingo 09 de diciembre de 2018 - 12:01 AM

Me tocó esconder el carro

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Publicado por: Felipe Zarruk

La semana pasada me encontré a un viejo amigo de mis padres, nadie más ni nadie menos que a Luis Ernesto Ruiz Cardozo, quien dicho sea de paso le vendió a ellos la casa en la cual vivimos gran parte de nuestras vidas en la carrera 39 frente a la legendaria ‘Casa del diablo’. Luis Ernesto, ahora columnista de nuestro diario Vanguardia Liberal, se soltó a hablar como recién atracado y entre las miles de cosas que soltó en cuestión de minutos hubo una en particular que captó mi atención y aquí la dejo plasmada. Corrían los primeros 4 años de la década del 70 y siendo presidente del Atlético Bucaramanga el doctor Camilo Gómez Serrano, este querido abogado oriundo de Zapatoca, invitó a hacer parte de la junta directiva del equipo a Luis Ernesto, quien aceptó el cargo de vicepresidente y a partir de ahí empezaron los problemas, ya que las deudas acosaban al club y los bancos no esperaban un día más a los honestísimos miembros del onceno ‘canario’. Cualquier día alguien llamo a la casa de Ruiz Cardozo y le advirtió que no sacara su hermoso carro Mercedes Benz (que para aquella época era último modelo) porque tenía orden de embargo. Ante tal amenaza, corrió a esconder su carro de origen alemán y durante algún tiempo lo parquearon en un garaje que todavía hoy es un misterio. Meses después se canceló el monto del préstamo al banco, cuyo nombre omito por obvias razones y Luis Ernesto volvió a manejar su Mercedes Benz por las calles de la apacible ciudad de los parques. Narró de forma jocosa cuando Vilarete se escapó de los patios de la Dirección de Tránsito, que por esos años quedaba cerca a ‘Las Pachas’, y relató los cuatro goles que el ‘Loco’ Eduardo Emilio le hizo aquella tarde a Millonarios, en medio de su guayabo y un tufo como para desmayar gatos. A pesar de ello, el vicepresidente lo multó por su irresponsabilidad. Recordó con gusto su paso por el querido Atlético y a quien leo cada miércoles en nuestro casi centenario periódico. Se despidió en medio de una sonora carcajada. Fue una charla agradable. Gracias Luis Ernesto por contar historias que se perpetuarán para siempre en nuestro museo de anécdotas. Chao y hasta la próxima.

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