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Felipe Zarruk
Domingo 31 de marzo de 2024 - 12:05 AM

El capitán de los cuatreros

Opinión de Felipe Zarruk.

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Víctor Pignanelli tenía varias coincidencias con mi padre. Nacieron el mismo año, es decir, en 1932. Y fallecieron el mismo año, en el 2006. Papá el 1 de septiembre y Víctor nueve días después en Montevideo, ciudad de la cual era oriundo. Había jugado en Wanderers y Peñarol para luego llegar a Colombia en donde vistió las camisetas del Cúcuta Deportivo y del América de Cali.

Guillermo Ruiz Bonilla lo describió como “un zaguero central fuerte, duro, rudo e impasable”. Víctor dirigió al Atlético Bucaramanga en 215 partidos arrancando su primera etapa en 1968, luego regresó para dirigir a un equipazo, el de 1975 y su último partido con el buzo de entrenador del onceno leopardo fue en noviembre de 1987 cuando se quedó con ganas de ingresar al octogonal de ese año. Un gol en el último minuto del Medellín lo dejó amargado y decidió irse para Venezuela en donde dirigió varios equipos con grandes campañas en copa libertadores; también al mando de la selección vinotinto eliminó a Brasil en el Preolímpico de Paraguay en 1992.

En 1974 regresó a la ciudad y reemplazó a Edgar Barona en el banquillo técnico del Atlético Bucaramanga. Conformó un equipo sensacional con base en jugadores veteranos, no solo de nuestra región, también de otras partes del país. Ese onceno tenía samarios, paisas, bogotanos, bumangueses, barranqueños, argentinos, brasileños y paraguayos. Los mismos, no tenían contemplación con nadie. A los trece equipos restantes del campeonato colombiano los golearon, les hacían mínimo tres, pero la cuota acostumbrada eran cuatro y cinco por partido. Los bautizaron ‘Los cuatreros de Pignanelli’.

Nunca un técnico se encontró con tanto talento en la mitad de la cancha como Víctor. Eso era una tocata en Do menor y que nos perdone Johann Sebastián Bach. Entre Pedro Ardila, ‘Pitula’ Martínez, ‘Papo’ Flórez y Alfredo Arango armaban el juego, enloquecieron a los rivales y solo tenían que esperar a que Gillio y Vilarete anotaran; los hinchas deliraron con un equipo que daba espectáculo. Su nombre no era Víctor José Antonio. Era simplemente Víctor Pignanelli. Ni siquiera Pignarelli como todo el mundo le decía. Resulta que el Atlético contrató a un gerente cuyo nombre era Gustavo Torres y lo apodaban ‘Mentira fresca’. Este señor se inventó esos nombres para Víctor, igual que le puso Roberto Alirio a Roberto Frascuelli. A ellos les daba risa y nunca se preocuparon por desmentir que no se llamaban así.

En el 75 realizaron una de las mejores campañas de la historia y por este motivo el viejo ‘Pigna’ se quedó hasta 1977, cuando fue relevado de su cargo ante la llegada de Ricardo Pegnotti y ‘Pipas’ Solarte. Se marchó al América de Cali en 1978 y después de una muy buena campaña con los ‘diablos rojos’ le dejó armada una base al médico Ochoa Uribe quien al año siguiente salió campeón del fútbol colombiano.

Aquí en Bucaramanga fue comentarista deportivo en Caracol y su programa Zona de Candela, gracias al ‘profe’ Juan Manuel González quien lo vinculó ya que Víctor era dueño de una hermosa voz y de una charla agradable y envolvente. Se quedó en nuestra ciudad muchos años y pasó necesidades, las cuales no deseo mencionar. Con este escrito le quiero agradecer y además recordarlo con cariño, porque gracias a él, muchos de nosotros vimos el mejor equipo de la historia. La hinchada del Atlético está viviendo un momento muy lindo y especial, por eso me acordé de Víctor y sus cuatreros, ya que hace 49 años puso a delirar a una cariñosa afición. Estos de hoy en día no se parecen a aquellos del 75, ¡pero espíritu tienen!

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