Publicado por: Gustavo Galvis Hernandez
El próximo mes de junio se cumplen 20 años de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, llamada también la Cumbre de la Tierra realizada en Rio de Janeiro, Brasil en 1992. Más de 170 jefes de Estado estuvieron presentes en este gran evento considerado entre los más importantes realizados en la historia del mundo. Por tal motivo en la misma ciudad, dentro de cinco semanas, con el nombre de “Río+20” y también con la asistencia de representantes de todos los países pertenecientes a la ONU, se realizará una nueva cumbre sobre el Desarrollo Sostenible.
El balance ambiental del Planeta 20 años después no es nada alentador. Pese a las advertencias y los estudios científicos contundentes, los desastres, las catástrofes ambientales por el cambio climático y el calentamiento global principalmente, gran parte de la dirigencia mundial parece autista frente a la realidad y a los pronósticos de colapso si el mundo no cambia el rumbo en su modelo económico del consumismo a ultranza, de su crecimiento poblacional sin control que conduce a devorar los recursos de la Tierra como si fueran infinitos.
Acaba de ser presentado con el nombre de Planeta Vivo 2012 el diagnóstico reciente más importante sobre la salud del planeta elaborado por la WWF una organización ambientalista de reconocido prestigio. Cuenta cómo la diversidad biológica mundial se ha reducido en un 30% en los últimos 40 años. La capacidad de carga de la tierra ya está rebasada en más de un 30%. La huella ecológica de los países ricos, los que explotan o consumen más recursos es alarmante. A ese ritmo, para el año 2030 se necesitarán dos planetas, que no existen.
El gobierno colombiano está participando activamente en las reuniones internacionales previas a Río+20, planteando posiciones de avanzada, innovadoras, con el nombre de los “Objetivos de Desarrollo Sostenible”, que motiven el consenso global, si es posible, para que sean ratificados en la próxima cumbre de Río de Janeiro. Están temas como el de energía, océanos, seguridad alimentaria, ciudades sostenibles y agua. Falta la inclusión de los bosques, la riqueza natural y ecológica estratégica más importante de América Latina.











