Publicado por: Hortensia Galvis Ramírez
Cuando la segunda guerra mundial terminó con dos bombas atómicas, cuatro diplomáticos extraterrestres vinieron a entrevistarse con el presidente Dwight Eisenhower. Los lideraba un ser del sistema Centauri B, físicamente idéntico a nosotros. (¡Alégrense¡, no estamos solos, nuestra misma raza fue sembrada también en otros mundos). La reunión concluyó con la firma de un acuerdo: “nosotros dejaríamos de usar armas nucleares y ellos nos compensarían dándonos tecnología”. Desgraciadamente los humanos terrestres no cumplieron, siguieron creando armas letales y continuaron con sus guerras, así el peligro de autodestruirnos todavía sigue vigente. Estos seres obedecen a la “Ley galáctica de la no intervención en mundos ajenos”, ley que tiene una sola excepción: “en caso de que peligre la existencia de un planeta, ellos están autorizados a intervenir”. Por eso nos observan atentos desde sus naves y seguirán haciéndolo mientras esta situación persista.
Ahora se habla sobre un incremento de naves extraterrestres en nuestros cielos. También es posible que no sean los hermanos del espacio quienes se acercan a nosotros, sino que seamos nosotros quienes nos estamos elevando a la dimensión donde ellos viven. Porque desde 1987 la frecuencia de la Tierra comenzó a subir por los sucesivos pulsos solares que nos impactaban. El pasado 18 de junio, por ejemplo, recibimos el fogonazo solar más fuerte de la historia, que elevó nuestra frecuencia Schumann hasta el umbral de quinta dimensión. Debido a este evento, el núcleo de la Tierra se calentó hasta el punto de generar una ola de calor sin precedentes.
Debido a nuestra incontenible agresividad, hasta ahora la Tierra había permanecido por milenios apartada de todas las demás civilizaciones galácticas y ni siquiera estábamos enterados de su existencia. Pero esta situación está por cambiar debido a que nuestro sistema solar completó un ciclo de 26.000 años y nos corresponde subir un escalón evolutivo. Parece que nuestro aprendizaje en soledad ha terminado y en adelante aprenderemos del compartir con civilizaciones miles de años más avanzadas, tanto por su elevado desarrollo espiritual, como por sus avances tecnológicos. Ellos son seres amorosos que están ansiosos por darnos la bienvenida y ayudarnos durante el cambio dimensional que se avecina. Su encuentro con nosotros lo han programado a cuenta gotas, esperan que aumentando su presencia poco a poco nos acostumbremos a verlos y el miedo se convierta en curiosidad. Ojalá la aceptación llegue a feliz término y nos sirva de combustible para el progreso.











