Publicado por: Hortensia Galvis Ramírez
Cuando por primera vez un alma toma un cuerpo humano es un ser inocente e ignorante que apenas comienza el desarrollo de su consciencia mediante las experiencias que le brinde la vida. Esta labor no puede completarse en una sola encarnación de pocos años, tendrá que vivir tres grandes etapas en muchas encarnaciones hasta lograr activar físicamente todas las capacidades dormidas de su alma. En la primera etapa ese ser carece de sentimientos, está centrado en sí mismo y en su supervivencia y su guía es el instinto. Para él no existen leyes, si desea algo a veces recurre a la violencia cometiendo toda clase de atropellos.
En la segunda etapa, llamada “por qué a mí”, ese ser recibe el resultado de sus actos aun cuando no los recuerde. El que fue violento atrae violencia, quien asesinó a otro morirá asesinado etc. Las religiones orientales lo llaman Karma, pero no es un castigo, sino la necesidad de aprender aquello que no sabe, viviéndolo en carne propia. El ser humano, a lo largo de su vida, comete innumerables errores (igual que un niño se cae muchas veces antes de poder caminar), pero esos errores son los que lo llevarán a descubrir la existencia de leyes universales que debe respetar. Lástima que satanicen sus caídas, llamándolas “pecados”, esta interpretación trasmite culpabilidad y miedo que bloquean el aprendizaje. Lo acertado es tomar consciencia de lo que estuvo mal, afirmar “la próxima vez lo haré mejor” y seguir adelante. También en esta segunda etapa el ser está enfocado en cambiar la realidad exterior y, después de muchos intentos, fracasa. Entonces llega a comprender que lo exterior le ofrece la oportunidad de aprender, son tareas para superar y no pueden ser cambiadas.
Con esta comprensión el ser entra en su tercera etapa. La intuición le lleva a ensayar lo que la sabiduría antigua enseña: “como es adentro es afuera” o cambia lo interior, para mejorar lo exterior, y funciona. Comienza por observar sus: pensamientos, palabras, emociones y acciones. Donde encuentra: ira, miedo y demás aspectos negativos, los va transformando en sus cualidades opuestas. En la medida en que lo logre, notará que su mundo externo va fluyendo armoniosamente. Cuando este proceso de trasmutación termine, esa alma estará lista para un ascenso y su tarea en esta dimensión habrá finalizado.
Este artículo está basado en las enseñanzas de Gerardo Schmedling.











