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Jaime Forero Gómez
Sábado 01 de abril de 2023 - 12:00 AM

El niño y su cerebro

Publicado por: Jaime Forero Gómez

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Cuando la mujer inicia su embarazo, al séptimo día se forma la mórula (unión del óvulo y espermatozoide) y en los días siguientes, de una célula madre, se empieza a formar la placa neural que da origen al cerebro y médula espinal. En esta fase es fundamental que el cuerpo de la futura madre, tenga concentraciones adecuadas de vitaminas del complejo B. La carencia de estas vitaminas es causal de la presencia de diversas malformaciones del sistema nervioso. Se menciona que las enfermedades que integran el espectro autista puede tener origen en la misma época, teniendo alguna relación con los contaminantes ambientales como derivados del petróleo, pesticidas y derivados del carbón. Los diversos químicos afectan el metabolismo del complejo B. Cada día hay una estructura más y se van conformando las diversas redes que integran el cerebro. In útero, el cerebro del niño ya capta las emociones y tiene integrados componentes que dan origen a la espiritualidad. En forma increíble, el eje intestino cerebro de la madre, ya estimula el funcionamiento de la amígdala cerebral y todo el sistema límbico del niño. Esas bacterias probióticas de la madre producen neurotransmisores como la serotonina y dopamina, que actúan en el cerebro del niño, generando las estructuras que permiten la aparición de habilidades y las futuras inteligencias del niño que no ha nacido. Es vital que la madre tenga un embarazo maravilloso para que su hijo desarrolle también emociones positivas desde nel mismo momento del nacimiento. Todo lo que estamos viviendo en la actualidad repercute en forma importante en ese niño. El odio, amargura, inseguridad, vandalismo que se vive hoy, altera el cerebro del niño.

Tenemos que exigir una educación sana para nuestros hijos. Este proceso en los primeros siete años donde se integran las estructuras que dan origen a la “inteligencia” debe mejorarse. No podemos seguir educando adolescentes con emociones alteradas, presencia de frustraciones y odios que aparecen en el cerebro desde antes de nacer y cuya mejoría depende de la educación en escuelas, bastante deficiente, y reforzada y supervisada por los padres en casa.

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