
Publicado por: Juan Pablo Remolina
Ante tanta injusticia, desigualdad, confusión e incertidumbre, varios han señalado que se requiere liderazgo. Esta inquietud nos lleva a recordar en qué consiste este concepto. Hay múltiples enfoques al respecto. En esta columna me voy a referir a la teoría denominada “liderazgo adaptativo” de los profesores Ronald Heifetz y Martin Linsky y resumo algunas de sus premisas. Estos autores definen el liderazgo como una actividad o proceso de movilizar personas para superar desafíos adaptativos, es decir, aquellos que amenazan el bienestar de un grupo y que requieren cambios en la mente y en los corazones de las personas.
A diferencia de los desafíos técnicos, los desafíos adaptativos se caracterizan por que los problemas y la solución no son claros. De ahí que se requiere desarrollar las capacidades para entablar conversaciones, generalmente incómodas, entre los actores involucrados, con el fin de entender mejor la problemática y de esta manera cerrar la brecha entre las expectativas y la realidad. El error más común es no diagnosticar bien el problema y asumir que se va a resolver con soluciones técnicas y rápidas. Por ejemplo, es equivocado pensar que los problemas cardiacos se resuelven con una cirugía (solución técnica). Según Heifetz, el 80% de este tipo de pacientes continúa con malos hábitos: estrés, fumando o sin hacer ejercicio. Los cambios de comportamiento son dolorosos y requieren de tiempo, pues implican aprendizaje y asumir perdidas. Nadie aprende mirándose al espejo. Se necesitan curiosidad, coraje y apertura.
En este sentido, el liderazgo no significa la imposición de soluciones. Tampoco consiste en ciertas características personales como el carísima o las habilidades de comunicación. No se trata de conocimiento, ni mucho menos de una posición o cargo. El liderazgo es una actividad que se ejerce con o sin autoridad. Por ejemplo, actualmente es innegable el liderazgo de algunos jóvenes quienes no hacen parte de una institución en particular, mientras que hay líderes políticos que no están ayudando a avanzar. Asimismo, es errado creer que el liderazgo nada tiene que ver con principios. Esta actividad debe buscar el bien para la comunidad y no satisfacer ambiciones personales. De esta manera, en lugar de ser espectadores de cómo los “gladiadores pelean”, hay una gran oportunidad para que los jóvenes, mujeres, adultos, etc. ejerzan su liderazgo y se involucren en resolver los problemas que nos aquejan como sociedad.











