viernes 26 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Indignación, institucionalidad y jiu-jitsu

La indignación y la participación se deben convertir en el impulso para construir acuerdos sostenibles que permitan dejarles un mejor futuro a las próximas generaciones.
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Santander debe convertir la fuerza de la indignación de su población en procesos institucionales de transformación hacia el desarrollo. Nos hemos caracterizado por ser la cuna de importantes movimientos sociales. Desde la Rebelión de los Comuneros hasta llegar a reconocidos grupos sindicales, estudiantiles y ciudadanos. Por ejemplo, en los últimos años se ha evidenciado cómo miles de santandereanos han salido a las calles a protestar a favor del agua y la familia. Tenemos un espíritu rebelde al que le duelen las injusticias y que está dispuesto a no dar su brazo a torcer por defender sus banderas. Con ese entusiasmo salimos a votar. En las últimas contiendas electorales, así como en la consulta anticorrupción y en el plebiscito, Santander mostró una alta participación.

Sin embargo, pareciera que nos quedamos en arengas y esfuerzos efervescentes sin una visión de largo plazo y la construcción de capacidades que permitan brindarle una mejor calidad de vida a sus habitantes. ¿Nos gana la emoción, el ego y la inmediatez? Según el Índice Departamental de Competitividad, Santander ocupa los últimos lugares en eficiencia de la justicia y de los mecanismos de resolución de conflictos. Lo mismo sucede con relación al índice de desempeño institucional, capacidad de recaudo, ejecución de proyectos de regalías y denuncias por corrupción. Construir institucionalidad empieza por reconocer y escuchar al otro, y tener la habilidad de valorar más lo que nos une que lo que nos divide. Tal como lo hicieron los comuneros hace 240 años, se requiere luchar por causas comunes y aprender de los fracasos.

De la filosofía de las artes marciales como el Jiu-jitsu se pueden extraer algunos aprendizajes sobre cómo usar mejor la fuerza para combatir al rival. Jiu-jitsu significa “el arte de la suavidad”. A diferencia de otras técnicas, busca no desperdiciar la energía más de lo necesario, y aprovechar la fuerza del oponente a nuestro favor, en lugar de lanzar golpes y patadas. A través de movimientos rápidos y precisos, como luxaciones y derribos, se logra neutralizar al contrincante. Esto implica menos fuerza bruta y más inteligencia. La indignación y la participación se deben convertir en el impulso para construir acuerdos sostenibles que permitan dejarles un mejor futuro a las próximas generaciones.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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