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Juliana Martínez
Jueves 30 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

No en nombre de “la familia”

Publicado por: Juliana Martínez

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Las fiestas de diciembre y enero son, para muchas personas, momentos de estar y celebrar en familia.

Sin embargo, a veces “la familia” y la idea de una supuesta “unión” o “armonía” familiar, se vuelve la excusa para naturalizar, tolerar, e incluso celebrar comportamientos dañinos, discriminatorios y hasta violentos.

Por ejemplo, el “preservar la unión familiar” se usa como mandato para tolerar el irrespeto hacia la identidad de las personas a través de “chistes” racistas u homofóbicos, o para normalizar comportamientos sexistas que pueden constituir distintas formas de violencia de género.

Este es el caso de los “malos tragos”, ese eufemismo con el cual con tanta frecuencia se excusan comportamientos de violencia de género que van desde el abuso verbal hasta la violencia física, o comentarios o comportamientos sexualizados con las niñas o mujeres jóvenes de la familia.

Más aún, con demasiada frecuencia, quienes señalan el problema son acusados de causarlo, y por eso se les motiva, con advertencias explícitas o “miraditas” desde el otro lado de la mesa, a no decir nada.

Es decir que cuando se habla de “salvaguardar la unión familiar” usualmente no se está hablando de proteger el bienestar de todos los miembros de la familia, sino de preservar la comodidad (y la jerarquía) de personas que, de distintas maneras, hacen daño a quienes no se ajustan a sus expectativas y prejuicios.

Así, en estas fiestas les invito a que esas “advertencias” pre reunión familiar se las hagamos a quienes hacen los “chistes” racistas, a quienes hacen comentarios homofóbicos frente a la prima lesbiana, o quienes se tornan violentos con (o sin) el consumo de alcohol, no a quienes se niegan a seguir tolerando esos comportamientos.

Que nuestra vigilancia recaiga sobre quienes promueven la discriminación o ejercen el abuso y la violencia, y no sobre quienes tienen el valor de confrontarlos.

Que la “unión familiar” no dependa de tolerar conductas de abuso psicológico, físico o sexual; o de la normalización del sexismo, el racismo o la xenofobia.

Es decir, que nuestras familias estén unidas por el respeto mutuo, no por el silencio cómplice con los abusadores.

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