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Manuel de Jesús Rodríguez
Miércoles 10 de abril de 2024 - 12:30 AM

Pena ajena

Opinión de Manuel de Jesús Rodríguez.

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La situación en que se encuentra uno de los diputados de Santander es de no creer. No se trata de una indelicadeza, ni de un hecho aislado, tampoco de una persecución injusta. El episodio de violencia que se conoció, porque no es el único según dicen, lo puso contra las cuerdas, pero le ganó el descaro.

Para salirle al paso a las críticas anunció que para defender su buen nombre renunciaba a la presidencia de la mesa directiva de la Asamblea y a la curul. Ingenuos, como muchos, cuando nos enteramos de que lo había hecho celebramos y afirmamos que la renuncia en esos términos y con ese alcance era lo menos que debía esperarse del personaje. Pero lo que hizo con la mano lo borró con el codo.

Días después se supo que no había hecho ni lo uno ni lo otro, y que el domingo de resurrección, como si nada hubiera pasado, se acordó que era el ordenador del gasto y celebró varios contratos, vaya uno a saber con qué interés; pero como entre cielo y tierra no hay nada oculto, cuando la ligereza se conoció, le salió al paso a la astracanada y formalizó la renuncia a la presidencia de la Asamblea. ¡Va a seguir siendo diputado! Eso sí, con una candidez pasmosa, como el gato, se tomó el trabajo de eliminar la carta de renuncia que había difundido en sus redes sociales.

El partido político al que pertenece formalmente inició la investigación disciplinaria interna para revisar el caso. Eso dijeron. Y aunque tienen una excelente oportunidad para sentar un precedente ejemplar, no hay que ser adivino para anticipar en qué va a terminar eso. A lo sumo en una simple amonestación o, en el peor de los escenarios, en la pérdida temporal del derecho al voto en las sesiones de la corporación a la que pertenece.

Con eso lavan las culpas, como pasó, si ya se les olvidó, con el concejal de Ocaña que agredió física y emocionalmente a quien era su compañera sentimental, ¿recuerdan? A nosotros no se nos ha olvidado, y seguimos reprochando que sus compañeros lo hubieran escogido como presidente del Concejo y que cerca de mil ocañeros, novecientos treinta y cuatro para ser exactos, lo hubieran reelegido concejal. ¡Qué vergüenza! No se les extrañe que con el diputado pase lo mismo. A nosotros la pena nos puede, ¿a ustedes?

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