Opinión de Manuel de Jesús Rodríguez.
La secretaria de Salud de Bucaramanga terminó metida en un lío innecesario por no reparar en las consecuencias de una publicación que daba cuenta de la imposición de sanciones sanitarias a varios establecimientos por infringir los protocolos que regulan la manipulación de alimentos.
A alguien se le ocurrió la idea de publicar el resultado de los operativos de control y metió todos los casos en el mismo costal, lo que dio lugar a concluir que los establecimientos habían sido sellados y que todos habían cometido la misma falta. Las imágenes que sirvieron de apoyo al mensaje oficial no daban margen a pensar distinto. Pero a la hora de la verdad, ni todos los establecimientos fueron sellados, ni todos tuvieron que ver con los asquerosos hechos de que dio cuenta el video institucional.
Las aclaraciones no tardaron en llegar y se supo que la situación y las infracciones eran distintas en todos los casos. El asunto, creemos, debió manejarse con mayor prudencia desde el principio. No se les extrañe que los propietarios de los establecimientos involucrados terminen reclamando, con razón, la indemnización de los perjuicios causados de la falta de rigor en el control de la comunicación y del afán de mostrar resultados a como dé lugar; algo que, en estos tiempos, viene siendo costumbre en todos los sectores de la administración pública.

De la secretaria de salud tenemos las mejores referencias, y sabemos, también, del rigor, compromiso y responsabilidad de los técnicos de saneamiento de la Secretaría de Salud. Ni a ella, ni a éstos se les puede atribuir el desafuero, pero a la funcionaria le tocó poner la cara para justificar lo injustificable por algo que no hizo, ni quiso hacer. Se le notó incómoda, muy incómoda en ese papel. No era para menos. Le tocó bailar con la más fea, y entre más trataba de explicar las cosas más enredado terminaba el asunto.
Al responsable hay que buscarlo en el equipo de comunicaciones de la alcaldía y de la Secretaría de Salud. La ligereza con la que actuó fue total. Este episodio debería servirles de lección. Podrían aprovecharlo para reflexionar sobre el cuidado, la mesura y la responsabilidad con la que se deben manejar los mensajes institucionales. Ojalá les resulte útil para que no se les olvide que en ese propósito no todo se vale… ah, y para recordar que la campaña terminó hace rato.












