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Samuel Chalela
Sábado 08 de junio de 2024 - 01:00 AM

Imaginar

Columna de opinión de Samuel Chalela

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Cuando se acude a la imaginación, buscamos en la cabeza ese lugar liberado, desprendido de las ataduras racionales en donde podemos directamente soñar, crear, rebasar las barreras. Es como poner a la mente a tararear una canción que no existe, sino que va saliendo en estado puro; una melodía imaginada. Alguna vez, Yoko Ono (1933) dijo: “El único sonido que existe para mí es el sonido de la mente” y eso define acertadamente la relación de esta longeva artista japonesa con su espacio creativo en el arte. Cuando pensamos en ella la recordamos taciturna, impredecible, sola o desnuda y del brazo de un John Lennon, también sin ropa para la portada del disco “Two Virgins” (1968). Pero antes de conocer a Lennon, Yoko Ono se destacaba ya en la escena de las artes y ocupaba carteles en importantes galerías y espacios culturales de Japón, Estados Unidos y otros países.

La Tate Gallery de Londres tiene ahora una retrospectiva de 70 años del trabajo de Yoko Ono (1955 a 2024). Son varios los hitos determinantes de su carrera, pero sin duda la exhibición individual que hizo en 1961 en la AC Gallery de Nueva York sirve de buen arranque. Allí incluía dibujos y textos que contenían sus “Instrucciones”, una especie de guía para activar la vibración artística y hacer del arte un emprendimiento colectivo y participativo. Con ello estaba ya dando sus pasos en el movimiento artístico Fluxus inaugurado con el manifiesto escrito por el artista George Maciunas (1931), también propietario de la mencionada galería AC. Al Fluxus adhirió Joseph Beuys (1921) -artista que impulsó mucho el performance y merece su propio relato-. Arte vivo, en el que el artista se fusiona con la obra o es la obra misma, se mueve en ella e incluso invita al público a involucrarse.

En la retrospectiva está el video de la performance “Pieza Cortada” (Cut Piece) presentada por Yoko Ono en 1964 en Tokio. Ella está inmóvil con un vestido negro sentada en el piso. Al frente hay unas tijeras con las que se invita al público a hacer tajos en el vestido de Ono. Al principio, se acercan cautelosos, hacen modestos cortes. Avanzando, el público se hace más audaz, incluso violento. La artista moviliza sin una palabra ni un gesto, la sensación de abuso, de desamparo. En “Fly” (1968) una mosca recorre el cuerpo desnudo de una mujer, mientras se oye la voz de Ono emitiendo sonidos experimentales y melodías de Lennon en una guitarra; es brutalmente provocadora. Luego, está la amplia saga de su presencia en el activismo pacifista, por los derechos civiles y el feminismo. Su arte intenta desbloquear la mente y movilizar la imaginación. Imaginen.

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