Publicado por: Santiago Gomez
La Dirección de Tránsito de Bucaramanga suspendió la licencia de conducción a un ciudadano que manejaba su carro bajo los efectos del alcohol el pasado 15 de julio de 2012. El 19 de diciembre la suspensión de la licencia fue certificada por el Simit pero el conductor, a la semana pasada, no cancelaba su deuda por el comparendo.
El conductor es un alto funcionario de la Alcaldía de Bucaramanga y su jefe, el propio Alcalde, anunció, como consecuencia de la investigación adelantada por este diario, que no le pedirá la renuncia como había anunciado a la opinión pública el año pasado, porque “un comparendo puede haber sido por una percepción” y no había prueba técnica que probara el estado de embriaguez del Secretario del Interior, René Garzón. Adicionalmente, se ha usado el argumento según el cual el funcionario no actuaba en ejercicio de sus funciones públicas al momento de cometer la infracción.
Se les olvida al alcalde y al secretario que hay precedentes bastante polémicos en los que el comportamiento del infractor ha sido castigado con la pérdida de su investidura, por solicitud casi unánime de la opinión pública.
El ‘Bolillo’ Gómez debió renunciar a la Selección Colombia justamente por infringir una norma socialmente aceptada y codificada por la ley vigente, estando en evidente estado de embriaguez, aún cuando no estaba en ese momento desempeñando las funciones de su cargo. Era una figura pública y debía dar ejemplo. Guardadas proporciones, el senador Merlano fue destituido e inhabilitado por un escándalo que involucró un volante y mucho tufo.
Sea cual sea la decisión que se tome, uno de los tres funcionarios debe renunciar inmediatamente: o el infractor o el responsable de ratificar la sanción soportada en las pruebas que la ley estipule, el Director de Tránsito. Lo que sí queda muy mal es que el alcalde desautorice a la Dirección para defender a uno de sus funcionarios, no solo por la pobre imagen que deja en términos de integralidad, sino porque abre un boquete jurídico por el cual cabrían una serie de excepcionalidades peligrosísimas en un caso tan sensible como el de los borrachitos al volante.










