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Sergio Rangel
Domingo 11 de agosto de 2013 - 12:01 AM

El cuarto poder

Publicado por: Sergio Rangel

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Es innegable que el cuarto poder en las democracias es el periodismo. Sin embargo ese poder puede prestarse para abusos como sucede en los otros tres poderes. El tema de esta columna no es ese, ni discutir su importancia en el mundo moderno en donde ha llegado a desplazar la misma justicia, sino comentar que el capítulo del CNP de Santander celebró el Día del Periodista en una sesión en la Casa de Bolívar.

Don Enrique Ochoa, su presidente diminuto, inteligente, constante, inquieto y animoso en el gremio, se llevó las palmas. Nuevos miembros fueron juramentados y otros viejos ‘aplastateclas’ condecorados, tan viejos en el oficio, que se murmura alcanzaron a escribir en papiros.

Dentro de los bien viejos estaban don Edmundo Gavassa, que habló corto y sustancioso; don Fabio Torres Barrera, habló bien, corto pero largo; don Rafael Serrano Prada hizo gala de su elocuencia azul turquí. Eduardo Pilonieta dijo no venir preparado, resumió y todos respiramos. Asomamos el voraz gusanillo que llevamos dentro (llamado ego), a veces tan difícil disimular. Amamos las condecoraciones, las distinciones, de eso vivimos en este “perro mundo”.

En la solemnidad del acto, alguien se llevó los aplausos. Cuando le correspondió a don Oscar Humberto Gómez, de manera inesperada comenzó cantando un tango, o un bolero. Sí, fue tal vez un bolero. Mi confusión está en que lo hizo de manera tan lastimera y en tono de bajo profundo, que creí que era Gardel desmelenado, resucitado del accidente en Medellín.

Oscar Humberto, o el “Campesino Embejucao”, en todos sus actos es el supremo mamador de gallo. De pronto dejó de cantar y como en una catarsis se refirió a sus alegatos ante el Tribunal Contencioso, mal interpretados pues contenían una dosis de ironía que jamás entendieron y tomaron los Magistrados como ofensas horribles y lo cogieron entre ojos. Qué maravilloso es el humor. Lo digo hoy en la incertidumbre de los diálogos de paz, que si se escuchara en La Habana a Oscar Humberto Gómez, cantando el ‘Campesino Embejucao’, la paz se firmaría de inmediato.

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