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Sergio Rangel
Domingo 10 de marzo de 2024 - 12:00 AM

El jardín tropical

Publicado por: Sergio Rangel

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Eduardo Durán Gómez, presidente de la Academia Colombiana de la Lengua, escribió la semana pasada un laudatorio sobre la vida y obra de la fallecida pianista y escritora Hortensia Galvis Ramirez. EdZuardo tuvo una cercanía muy estrecha con ella, pues era columnista y socia de Vanguardia, y él director del periódico. ”La historia de las personas fluye de manera semejante a la vida” Ella fue enamorada del hacer de muchas cosas. Pero algo que quizás muchos desconocen fue su pasión por “El Jardín Tropical”, a ese menester le dedicó toda su vida. Editó una obra sobre el tema cuando ya tenía recopilaciones, conclusiones y fotografías, para una gran guía de plantas ornamentales del trópico, que tituló “Colores Para el Jardín Tropical”. Siempre quise agradecerle personalmente el obsequio de ese libro maravilla de la botánica, pero nunca lo pude hacer, a ambos se nos cruzaron inconvenientes. Obligaciones que uno va dilatando en el tiempo como si fuésemos eternos.

Ahora que leo el Laudatorio de Eduardo Durán, reabro el libro de Hortensia Galvis Ramirez. Se me antoja entonces que el paraíso en el que vagaron desnudos nuestros desobedientes padres, Adán y Eva, fue en el trópico. Aquí enceguecen los colores y embriagan los aromas Petunias, Aves del Paraíso, Heliotropos, Malvas Vagabundas, Amor Ardiente, Bastones del Rey, Maracas Rojas, Siete Leguas, Sombrero De Obispo, Cucarachos, No me Toques, Clavellinas, Chumbimbas. Licor de flores silvestres en cuyas mieles se embriagan las abejas y los colibríes.

El estudio para lograr el libro no fue solamente sobre la botánica del trópico sino que, como lo dice ella, tuvo que aprender fotografía. Recibió clases del profesor Plinio Barraza. Compró una cámara Nikon Reflex D90 con teleobjetivo y durante meses desde la ventana que daba al jardín de su casa, esperó con la paciencia de los sabios a que las plantas crecieran y florecieran. No lo dice, pero estoy seguro que pasaría a tocarles el piano, música y flores siempre van juntas, la música es un fertilizante, como el hablarles y acariciarlas.

Le dedica el libro a su padre Alejandro Galvis Galvis, amante de los árboles, quien siendo Ministro de la Guerra, dijo que Colombia conseguiría la paz “sembrando árboles más que con el manejo de las armas”. También lo dedica a su hijo Joaquin Ruiseco Galvis ingeniero electrónico, quien le enseñó los misterios de la cibernética.

Gracias Hortensia, sin el color de las flores y sin la música no valdría la pena la vida.

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